Amor a María

Devoción a la Santísima Virgen

devoción a la santísima Virgen

Después del amor al Santísimo Sacramento, la devoción a la Santísima Virgen será el gran medio de santificación a que ha de apelar incesantemente la religiosa de la Cruz para adelantar en la ciencia y en la práctica del amor divino.
Tratará cada cual de honrarla en los diversos misterios o en alguno de los pasos de su vida. El noviciado la honrará especialmente en su Concepción Inmaculada.
En las horas de oración todas las religiosas se unirán Ella en la Encarnación del Verbo.
Cuando salen al apostolado, la honrarán y se unirán a Ella en su vida en Efeso, cuando acompañaba a San Juan y ayudaba a la difusión del Evangelio.
En los momentos de aflicción en el Calvario; y en el Cenáculo para implorar de ella la difusión de la obra y la santificación de sus miembros; así como esta buena Madre atrajo en breve tiempo al Espíritu Santo sobre los Apóstoles para que difundieran el Evangelio.
En los catecismos difundirán la devoción a la infancia adolescencia de la niña Inmaculada y propagarán la práctica de las “Tres Ave Marías y del Santo Rosario”.
María será para la religiosa de la Cruz la gran maestra de perfección, se acostumbrará a invocarla con confianza filial, a buscar en ella consuelo y sostén en las penas íntimas, en las arideces del espíritu y en las agitaciones del corazón. La mirará como la Madre de la Eucaristía que proporcionó en su sangre inmaculada el Sacramento del altar; la Madre de la unión mística que concibió en su seno al Hijo de Dios; la madre de la obediencia, de la virginidad y de la pobreza; y a ella acudirá continuamente parar aprender de ella la perfección de la vida religiosa, la santificación escondida a los ojos de los hombres, la simplicidad del corazón, la modestia y dignidad del porte.
Tratarán de honrar con fervor y solemnidad sus fiestas, especialmente la de su Asunción gloriosa y coronación como Reina de todas las criaturas.