Ecce Ancilla Domini

(Esta poesía y las que siguen fueron compuestas por las dos hermanas Teresa y María)

Era el tiempo fijado por Dios mismo
para cumplir su augusta profecía,
abrióse el Cielo y se alarmó el abismo
habló Gabriel y se turbó María.

Cubrióse el rostro con su blanco velo
rehuyendo así la angelical audacia
sin atreverse a oír que es ante el Cielo
la elegida de Dios, llena de gracia…

¡Alza la frente, tímida doncella!
No ocultes a la tierra tus sonrojos
que ante todos los siglos te hacen bella,
cual te hacen pura a los divinos ojos.

Pronuncia el “fiat” que a una nueva vida
hará surgir la Creación entera,
ve que a tus puros labios suspendida
hasta la augusta Trinidad espera!

Responde ya, porque el tropel humano
busca el vestigio de su dicha muerta
y mientras no respondas llama en vano
del Paraíso a la cerrada puerta.

Porque lo que es de Dios, Dios te lo ofrenda
al enviarte su angélica embajada
en que te da su cetro como prenda
sobre cuanto sacara de la nada.

Y te cubre amoroso con su sombra
y le confía a tu humanidad el lazo
que a la vista del Cielo que se asombra,
une a Dios con el hombre en dulce abrazo.

Ve tu posteridad cual áurea estela
de este momento, como Dios fecundo,
y ve tu barca con la blanca vela,
en que el apóstol va a salvar el mundo.

Ve la sangre de tantos heroísmos
teñir del Circo la purpúrea escena
donde haciendo holocausto de sí mismos
los mártires se inmola en la arena.

Ve la virgínea y blanca muchedumbre
cual inmortal falange de hostias vivas
que va a entrar de su lámpara a la lumbre
en las clausuradas místicas ojivas.

Ve la austera legión de anacoretas
que a las promesas de este mundo han muerto
y van a sepultar sus vidas quietas
en las cuevas agrestes del desierto.

Habla, que espera el ideal divino
desde su eternidad este momento
porque halló en ti, más que en el pan y el vino
especies para su alto Sacramento.

A tu respuesta manará la fuente
del agua de la gracia redentora,
que pues lo quiere el Dios Omnipotente,
tu palabra también es creadora.

Ve el árbol de la Cruz en lontananza
alzarse cual otro árbol de la ciencia,
que dará frutos nuevos de esperanza
en su inmortal y casta florescencia.

Y crecerán bajo sus frondas quietas
las rosas encarnadas del martirio
y la humanidad florecerá en violetas,
y la pureza en el candor del lirio.

¡Alza los ojos tímida paloma!
Ve en la futura inmensidad distante
cómo se yergue en la potente Roma,
de la Iglesia la cúpula gigante.

Y cuál entre sus muros seculares
ya tu inmortal ejército se alista
para darte las tierras y los mares,
frutos de su pacífica conquista.

Ve el genio de las artes que aletea
deseoso de alcanzarte en su porfía
y por tu hechizo todo un mundo crea
de música, color y poesía.

Ve por fin el ocaso de la Historia
tras de la muerte y el dolor acerbo
dilatarse la aureola de tu gloria
con la victoria universal del Verbo.

Despliega pues tus labios que es la hora
de que la puerta del Empíreo se abra
“Soy del Señor la humilde servidora.
Que se haga en mí, conforme a tu palabra”