El ideal Proscrito

(Lima, 26 de Noviembre de 1913. En las fiestas Constantinianas durante una actuación organizada por la Unión Católica de Señoras, en el Teatro del Colegio de Guadalupe)

Llorad llorad, poetas
la triste soledad de la jornada;
el ideal ha huido
dejando a la Belleza abandonada,
la Belleza, su blanca desposada.

Subid a lo más alto
del más altivo monte,
donde en brillante gloria
e infinito horizonte,
su realeza magnífica fulgura
la luz inmaculada,
inmortal, soberana de la altura.

Buscad a sus reflejos
en auroras de rosas,
las huellas luminosas
del brillo refulgentes de sus galas,
y volad en pos de ellas,
que para eso crecieron vuestras alas.

El ave de las cumbres
en su inconsciente anhelo,
en su amor de la altura,
en su pasión de cielo,
con olímpico vuelo irresistible,
huye siempre hacia arriba
y hace a su amor un nido inaccesible.

El rayo y la tormenta
no turban su reposo
que todo lo desdeña
su instinto victorioso,
y en el abismo encuentra su elemento,
como el genio, su hermano,
que es el águila real del pensamiento.

Y que el santuario augusto
del alma del poeta,
llena de los lamentos
de su nostalgia inquieta,
con los que pide libertad a gritos,
batiendo entre la jaula
sus alas para vuelos infinitos.

¿Qué son, sino, esas vanas,
escépticas canciones,
ráfagas de los páramos
de yertos corazones?
Ecos revelados del vacío,
heraldos de la muerte,
voceros de la duda y del hastío.

Bellezas infecundas,
mirajes del desierto,
florescencia sin vida,
cual frutos del mar muerto,
fatal progenitura de la idea
que apartada de Dios
da triunfos a la muerte cuando crea.

El ideal ha huido
el seno del misterio,
llevándose en su fuga
las glorias de su imperio,
y la razón que impía le ha proscrito,
vuelve el rostro a la nada,
por no querer mirar el infinito.

Llorad, llorad, poetas
la triste soledad de la jornada;
el ideal ha huido,
dejando a la belleza abandonada,
la belleza, su blanca desposada.

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Pléyades incontables
de mundos luminosos,
montañas arrogantes
y mares rumorosos,
formas, luz y colores de natura,
decid ¿cuál es la fuente
donde al nacer bebisteis la hermosura?

Que vuestras voces clamen
en legendario coro,
en secular gemido,
en infinito lloro,
para invocar la inspiración sublime
cuyo ardor purifica,
cuya luz crea y cuyo amor redime.

Aquella que en la aurora
dorada de los siglos,
entre nieblas de errores
y paganos vestigios,
la lira hizo vibrar del rey profeta
que fue pastor y artista,
penitente y cantor, santo y poeta!

Aquella que más tarde,
Al sol de mediodía,
con el amor del Cielo
y el amor de María,
en consorcio de luz y de pureza,
formó en Jesús el tipo
de la perfecta y sin igual belleza.

Cuéntenlo las estrellas
del cielo de Judea,
y el eco de las olas
del mar de Galilea,
y esa dichosa multitud sin nombre
que exclamara arrobada:
“¡Jamás un hombre ha hablado como este Hombre!

¡Oh celestial palabra!
¡Oh sin igual doctrina!
¡Hecha de luz eterna
y caridad divina!
Irradiación de todas las beldades,
porque es sol de belleza
que viene iluminando las edades.

Es en Belén belleza de paz y de inocencia,
es en la Sinagoga
belleza de elocuencia,
belleza de poder cuando contrario
osó el mar levantarse,
belleza de dolor en el Calvario!

Estirpe de belleza
fecunda y redentora,
que a la belleza antigua
humilla y descolora,
cuando su día despuntando apenas,
ya con Pablo de Tarso,
triunfara en el Areópago de Atenas.
Y dominado el bárbaro
torrente de invasiones,
de cuyo abismo arranca
las civilizaciones,
reflorece su ideal fresco y gallardo
que a la sombra guardaran
los hijos de Benito y de Bernardo.

Y extendiendo sus ramas
para abrazar al mundo,
de primavera de arte
en germinar fecundo,
de flores y de frutos inmortales,
que se elevan al Cielo
en góticas, sublimes catedrales.

Y el aura misteriosa
que sus ramas agita,
en el lienzo se estampa,
y en el mármol palpita,
y al soplo de su vida desbordante,
en extático sueño,
la Divina Comedia escribe el Dante!

Y pinta Fray Angélico
sus frescos inmortales,
artísticas reliquias
en claustros medioevales,
y Francisco de Asís en su proeza
de locura divina,
va cantando a su amada, la Pobreza!

Y Rafael obtiene
de la belleza avara
tesoros escondidos
que Apeles no soñara,
y del Moisés en la marmórea frente
enciende Miguel Ángel
la profética chispa del Vidente.

Bajo del hispano cielo
de místicos ardores,
canta Luís de Granada
la fe de sus mayores,
sola belleza ante la cual se humilla
la altivez legendaria
de los soberbios Leones de Castilla.

En sus regios dominios
se yerguen arrogantes
Velásquez y Murillo,
Luís de León y Cervantes,
mientras con arte celestial expresa
los amores divinos
la pluma incomparables de Teresa!

Entre galas de ingenio
y primo de elegancia,
con el clásico teatro
luce el arte de Francia,
y retando monárquicos deslices,
la elocuencia sagrada
brilla en la regia corte de los Luises.

Y después… ¡oh tristeza!
noche de luto y nieve,
viene el escepticismo
que cual vampiro aleve,
la vida roba al ideal dormido,
mientras sus negras alas
le arrullan con el canto del olvido.

La inspiración sin savia
se inclina hacia la tierra,
donde en buscar la lumbre
con ceguedad se aferra
y a la tierra le cuenta sus dolores,
pidiéndole que sea
soplo vital para sus mustias flores.

No te bastan tus luces,
Pobre razón impía,
acaso las estrellas
al despuntar el día
osaran asomarse hacia el oriente
y decir orgullosas:
“¡Basta con nuestra luz, ¡oh sol detente!”

Llorad, llorad poetas
la triste soledad de la jornada;
el ideal ya ha muerto
dejando a la belleza desolada,
la belleza, su blanca desposada!.