Himno a la Eucaristía

(Con ocasión del Congreso Eucarístico Nacional de 1953)

Canta en mil coros América,
Canta a Ti, Cristo el Perú,
pues tras la sombra pretérita,
vio que la luz eres Tú.

Adora Tahuantinsuyo
no ya al astro del arrebol,
que es sólo tu obra y don tuyo,
sino a Ti que eres el sol.

Blanco sol, astro de nieve,
sol de amor, de amor volcán
maná que del Cielo llueve,
divino viviente Pan.

Dio tu bondad cosas grandes
a este pueblo que en Ti cree,
sus bosques, sus ríos, sus Andes,
su clima, su oro, su fe.

Y para remate y cima
de tanta largueza y don,
llamaste a Rosa de Lima:
“Rosa de mi corazón”.

Y canta a este sacramento,
que inventaste para dar
tu vida como alimento,
y tu amor como manjar.

¡Oh prodigio! ¡Oh Eucaristía!
¡Oh amor del poster festín
con que a los que amado había,
los amara así hasta el fin.

Santa nube de misterio,
nuevo, excelso Sinaí,
de su ley el dulce imperio
promulga el amor aquí.

Y el amor eres Tú mismo,
pues tu esencia es caridad,
mar sin orillas, abismo,
infinito, eternidad.

En la Cruz quien te veía
Hombre – Dios, no hallaba al Dios,
pero aquí en la Eucaristía,
nos ocultas a los dos.

Y tras de este doble velo,
Rey Dios, déjate aclamar,
por las estrellas del Cielo
y las arenas del mar.

Canta en mil voces América,
canta a Ti, Cristo, el Perú,
pues tras la sombra pretérita,
vio que la luz eres Tú.