Su Pensamiento frente al Concilio Vaticano II

La Mentalidad de la Venerable Sierva de Dios Teresa de la Cruz y el Concilio Vaticano II

Dentro de la Vida Consagrada:
Encontramos en los escritos de Nuestra Madre Teresa las siguientes ideas, repetidas siempre ante sus hijas las Canonesas de la Cruz, hasta formar en ellas un espíritu y un ideal peculiar.
Este ideal en que se inspiró Nuestra Madre, adelantándose a su tiempo, es precisamente lo que en la actualidad sentimos como una necesidad y una exigencia del Concilio Vaticano II, cual es: volver a las primeras fuentes del Cristianismo, imitar a las primeras vírgenes apostólicas y a las santas mujeres del Evangelio, que seguían a Jesús y a sus Apóstoles para servirlos, ayudando después al culto divino y a la instrucción de los catecúmenos con el título de “diaconisas” y “canonesas”.

Para aquellas vírgenes había una consagración especial, cuyas fórmulas y ritos se conservan en parte en el Pontifical Romano, y de las cuales sacó Nuestra Fundadora el Ceremonial para la Profesión Perpetua de sus hijas las Canonesas de la Cruz.

Desde la aparición del protestantismo, en vista de las necesidades de los tiempos, muchas dieron un paso hacia el apostolado, abriendo los claustros de sus conventos para que allí funcionaran colegios, escuelas, orfelinatos, etc. Pero no salían del monasterio.

Más tarde, la frialdad religiosa de los siglos XVIII y XIX logró poner a una gran parte del pueblo fuera del alcance del clero y más aún de las religiosas, cuya acción apostólica estaba circunscrita por la clausura. La gran masa de los fieles, ya por ignorancia, ya por la indiferencia religiosa, fruto del escepticismo que envolvía la atmósfera de ese tiempo, no acude a las iglesias ni cuida de dar a sus hijos una educación en la fe, puesto que la ignora.

Pero la Providencia del Padre Celestial que quiere la salvación de todos y que ha dado a la Iglesia esa misión salvadora, dotó a ésta de una fecundidad nueva: las Congregaciones Religiosas, las cuales empezaron a germinar desde principios del siglo pasado, adaptándose en diversas formas a las necesidades de cada época. Así ya las mujeres consagradas no sólo han abierto sus monasterios para enseñar y educar, sino que se han lanzado al campo de la lucha, para conquistar el terreno palmo a palmo y ganar las almas para Cristo. Entre estas últimas están las Canonesas de la Cruz.

En América Latina, y especialmente en el Perú, donde la escasez de sacerdotes es clamorosa, la situación se torna dramática. Nuestra Madre Teresa no fue insensible a esta necesidad de su patria, y quiso fundar su Congregación dedicada especialmente a suplir en lo posible la carencia de sacerdotes, en cuanto es accesible a la mujer. Su misión es esencialmente apostólica. No tiene otro objetivo concreto y directo que la difusión del Mensaje Evangélico. Y no tiene otra fuente de vida espiritual que la Santa Liturgia. Su campo de acción es vasto como el mundo. Pero ella debe tener una preferencia especial por las Parroquias, y entre éstas las más pobres y más necesitadas. Por algo Nuestra Madre Teresa en su agonía ofreció al Señor sus dolores con esas palabras que sintetizaban su vocación y sus deseos: “¡Por los Párrocos del Perú y del Mundo!”.

Aporte de Sor Iris Bonilla C.