Testimonios

Su amor a los Pobres y más Necesitados

Sor Laura Burga, testigo 2°:

«La fuente de donde brotaba la caridad de la Sierva de Dios hacia el prójimo, especialmente hacia los pobres y enfermos, era que veía a nuestro Señor sufriendo en las personas de los pobres y así nos decía que aunque la vieran ocupada en su escritorio no dejaran de llamarla cuando venía un pobre. No se contentaba con la ayuda material sino que escuchaba la relación de sus penas con gran interés y les consolaba»

Sor Alicia Barreto, testigo 6°:

«Siendo Superiora general. No dejaba de atender a los pobres cuando acudían a ella, a pesar de sus ocupaciones. Les socorría con la limosna de la caja de los pobres que ella administraba con generosidad. Muchas veces venían los pobres a quitarle su tiempo con sus quejas, problemas y sufrimientos y ella les escuchaba con paciencia. Cuando su hermana le llamaba la atención ella contestaba: “¡Pobrecitos! No tienen quien les escuche; no les puedo desairar”. A veces le engañaban los pobres y ella decía: “Es preferible equivocarse a favor de los pobres que dejarles de socorrer por desconfianza»

Srta. Carmen Goín, testigo 21°:

«Todos los miércoles atendía en la portería a los pobres que venían con sus latas a pedir comida. Algunas veces nos llamó la atención porque traíamos la comida mezclada y ella se quejó de esto y así tuvimos que traerlo todo por separado y muy limpio»

Sor Romana Bó, testigo 36°:

«En una ocasión recolectamos en Montevideo una gran cantidad de fruta, porque la gente de allá era muy generosa. Llenamos los estantes y parte del suelo, llamamos a la Madre para que lo viera y ella, cruzada de brazos y mirando el cielo dijo: “¡Bendito sea Dios!, pero cuando ustedes no protejan a los pobres, la obra se acabará»

Sor Margarita Estrada, testigo 43°:

«Atendía a los pobres personalmente una vez por semana a un promedio de 50 o 60 y diariamente a unos 8 o 10»

La Sra.Luisa E. Ferreyra, testigo 57°:

«Notábamos que la Sierva de Dios nos amaba entrañablemente y también a los pobres en quienes siempre pensaba y nos decía con mucho afecto: ” Voy a ver a mis pobres”. Los visitaba en un barrio bastante alejado. En medio de sus ocupaciones se daba tiempo para sus pobres […]. Hacía caridad, pero nosotras no nos percatábamos fácilmente de ello, porque cumplía lo que a nosotras nos decía con frecuencia: ” Que hay que hacer la caridad sin que lo sepan las demás personas»

Sor Margot Valdez, testigo 53°:

«También mostraba su amor a los pobres en su preocupación de que las familias fueran verdaderamente cristianas, que vivieran bien, que se casaran los convivientes. Tenía gran celo de la salvación de las almas. Rogaba especialmente por los pecadores. En las conferencias que tenía a las señoras, éstas le hablaban de sus problemas y de los problemas de los esposos. Luego la Madre les llamaba a éstos para que enmendasen su vida y sé de muchos casos en que las personas cambiaron de vida. Tenía mucha compasión de los ignorantes y aunque ella misma no podía darles clases por sus ocupaciones mandaba a otras Hermanas para que los prepararan, especialmente para la primera Comunión, Bautismo y Matrimonio»

Sor frene Tardillo, testigo 59°:

«Procuraba despertar en los demás, especialmente en los pobres e ignorantes el conocimiento de Dios enseñando la doctrina cristiana tanto a los niños como a los adultos para que todos amaran a Dios. Amaba mucho a los pobres y les ayudaba, tanto en lo espiritual como en lo material. Ningún pobre regresaba con las manos vacías y se iba a sus casas bien consolados. En cuanto llegaban los pobres, ella misma salía para darles lo que necesitaban. Les visitaba en sus domicilios. Reunía a todas las personas ignorantes para que recibieran instrucción religiosa. A las madres de familia para que recibieran el sacramento del matrimonio»