Teología de la Cruz

Según el espíritu de Madre Teresa de la Cruz.

I) Llamada desde la Cruz: Alassio

Ante la llamada de Alassio: “Los conceptos o sentidos de esas palabras se me clavaron en la inteligencia… porque en ellas comprendí toda la amplitud de su sentido… para lo cual estaba muy poco, preparada”.

II) Teología de la Cruz de Madre Teresa de la Cruz

Su actitud no es querer dominar el misterio de Dios Amor sino con una actitud de fe humilde y amorosa, quiere comprender mejor este misterio para amar más… ésta reflexión vivencial a partir de la fe la lleva a la adoración, a la admiración, al silencio de la donación, que la compromete a compartir toda la vida de Él.

Nuestra Madre Teresa hace una reflexión vivencial de la Cruz. Reflexión a partir de la fe. Se deja conducir por el Espíritu Santo.

Ella está enamorada de Cristo y no le preocupa tanto de las explicaciones teóricas, cuanto vivir la realidad del Misterio de Cristo Crucificado.

En nuestra Madre Teresa el camino de la teología de la Cruz debe ser el de la espiritualidad pues quiere vivir lo que cree por encima de querer comprender, sin que esto no quitara su esfuerzo por creer.

Entonces podemos hablar de la teología de la Cruz de Nuestra Madre Teresa, pues hace una reflexión a partir de la fe, hizo una reflexión vivencial (o espiritual) que la llevó a comprometerse a compartir la vida misma de Cristo. Por eso necesariamente se hace presente la dimensión contemplativa, por eso dejándose conducir por el Espíritu Santo y así además de ser sapiencial es vivencial (o espiritual).

El Espíritu Santo la conduce en esta experiencia de la Cruz, que necesariamente la lleva:

  1. A una relación personal con Cristo:Contemplativas “la gracia de su intimidad”, “oración como respiración, palpitación de la vida”, como en Betania “María a sus pies escuchaba: su Palabra”, “meditación del Evangelio”.
  1. Al seguimiento de Cristo Crucificado:“el honor de seguirle hasta el Calvario”
  1. A la misión:“de ser después apóstoles de su doctrina”

Entonces la teología y espiritualidad de la Cruz para Nuestra Madre es:

– La comprensión vivencial del Misterio pascual de Cristo (muerto, resucitado y presente en la Iglesia,

– Para anunciarlo (Kerigma)

– Celebrarlo o hacerlo presente (Liturgia)

– Y comunicarlo a todos (misión).

 III) ¿Qué nos dice sobre la Cruz?

A) Textos de Nuestra Madre Teresa

  1. Se llamará “de la Cruz” porque la Cruz es el compendio de la doctrina cristiana y el símbolo del holocausto; la doctrina, objeto de la vida apostólica; el holocausto, fin de la vida contemplativa” (La Obra de la Cruz  n.2)
  2. “¿Cuál es el término de esta ascensión y su punto culminante? El Calvario y la Cruz, sólo allí se opera la Redención, es decir, la revolución de la libertad perdida mediante el rescate que pagó Jesús con su sangre.” (Preparación a los Votos perpetuos.)
  3. “Con el sufrimiento amado y aceptado, aceptado y amado se conquista la posesión y dominio de sí mismo. “In patientia vestra pasioenitis ánimas vestras” (Ibíd.)
  4. “Señor dame la ciencia del dolor santo, del dolor tuyo sin egoísmo, ni mezquindad, del dolor fecundo que engendra a los elegidos y nos da hijos para el cielo!” (Apuntes espirituales)
  5. Luz sobre la Eucaristía- ¿Cómo sufre Jesús de las ofensas de los hombres si está allí impasible y glorioso? – Sufre en los que transformados en Él por la comunión eucarística y por el amor sin trabas, sufren en la tierra, completando como dice San Pablo “lo que falta a su pasión” (Ibíd.)
  6. Luz clara y convincente que me interpela interiormente- “¿De qué te contristas, que temes? -¿Cuál es y ha sido tu vocación? Y se yergue en mi imaginación el Crucificado, pálido, inerte, silencioso, muerto. Esta es tu vocación, este tu modelo, este tu amor, qué más quieres? No es la fundación de una Congregación próspera, y útil a la Iglesia, no es tal o cual cosa por buena que sea, es Él, Él solo, en la inteligencia, en el corazón, en la vida y en la muerte” (Ibíd.)
  7. “Voy a hacer el ejercicio de la Vía Sacra.- Desde la primera estación sensación de paz profunda y luz como de muy arriba me hace ver que debo transformar mi dolor en los dolores de Jesús en su Pasión; cada vez que caiga sobre mi alma ese peso enorme esa noche de fantasmas, saliendo de mí misma, de mi egoísmo y amor mezquino de mi triste yo, traslade a las ofensas que Él recibe el sentimiento doloroso, transforme la causa dejando subsistir el efecto; es decir sufra por Él en vez de sufrir por mí.”

B) La Cruz como alianza de amor: “Si quieres amor, aquí tienes”

Él la mira amorosamente desde la Cruz, la llama a un seguimiento esponsal «Si alguno quiere seguirme tome su cruz y sígame” (Mc. 8,34). Ve la Cruz como alianza como desposorio, como una declaración de amor de Cristo Esposo Crucificado, que la invita a compartir la vida con Él (Ideal): Él, humilde, obediente, casto, pobre.

A continuación esta contemplación de Nuestra Madre Teresa:

“Jesús es la amabilidad misma, el único objeto capaz de satisfacer el corazón humano y todos los demás seres son amables en la medida que reflejan su imagen.

Todo lo que deslumbra el entendimiento, todo lo que se impone a la razón, Él lo posee;

Todo lo que cautiva el alma, todo lo que atrae y enajena el corazón, Él lo tiene en su esencia en propiedad indiscutible.

* La grandeza de las cumbres, del mar, de la tempestad y del desierto, de los precipicios y de los torrentes, del trueno y del relámpago, de todo lo que se impone a nuestro espíritu dominándolo, avasallándolo, sobrecogiéndolo: toda esa grandeza de Él viene, Él la posee como en su fuente, Él es la grandeza misma, el Infinito encarnado, de Él la copia del universo, porque es obra de sus manos y concepto de su inteligencia increada y creadora.

Todas las magnanimidades del orden moral del amor y de la bondad, del heroísmo y del desinterés, de la majestad y del poder. Él la reúne y sintetiza, más aun, es su foco y su origen.

La delicadeza de las cosas más frágiles y sutiles. Las ternuras y gracias de la infancia, el atractivo de la juventud y la belleza, la inspiración y vehemencia del amor, la nobleza del dolor.

El encanto del misterio, el atractivo de lo nuevo y de lo inaccesible, la dulzura de las cosas familiares, íntimas y conocidas desde la infancia, la palabra siempre amena y oportuna, el silencio apaciguador, la lucha heroica, la paz profunda, la armonía de todas las músicas y de todas las vibraciones, la bondad de todo lo que es bueno, la belleza de todo lo que es bello, la santidad de todo lo que es santo:

Eso es Jesús, pero sin límites, sin medida y sin sombras.

Sin límite porque aunque su humanidad tiene forzosamente los límites de la criatura, la Divinidad que en ella habita y le da su personalidad, le da al mismo tiempo su trascendencia y extensión ilimitada e indefinida, por la unión sacramental con todos los elegidos de los que forma su Cuerpo Místico, es decir su Iglesia.

Sin medida porque aunque por su encarnación, tiene un cuerpo material y la materia está sujeta al número, peso y medida, por su origen eterno e increado en el seno del Creador de la materia, en vez de quedar sujeto a las leyes que Él mismo impusiera, la libertad a ella, dominándola y dándole inmortalidad, sutileza, agilidad e impasibilidad trascendentes y comunicable a todos los que están unidos por la caridad que no tiene medida, ni peso, ni número.

Y sin sombras porque en su alma Santísima luce la luz del Verbo indefectible y eterno”. (Contemplación. Apuntes…)

“Jesús el Verbo encarnado – en el seno de la Virgen-salió de ella, aurora inmaculada, y a paso de gigante como el sol que sube al cenit cruzó por la tierra, dominando la naturaleza, iluminando los espíritus, caldeando los corazones y volviendo al Padre “a summo coelo egressis ejus”.

Pero quedando entre nosotros, en el sacramento del amor – Neque est qui se abscondet a calore ejes (Nada se libra de su calor) – Murió por todos, no hay quien se esconda al calor de su amor.” (Meditación del Salmo 18. Apuntes espirituales)

Nuestra Madre contemplando a Cristo: “Varón de dolores y sabedor de dolencias…, eran nuestras dolencias las que Él llevaba y nuestros dolores los que soportaba…; ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. Él soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus heridas hemos sido curados”(Is. 53,3-5) Su secreto era vivir y morir amando.

Esta realidad inmolativa y amorosa de Cristo se hace presente en el sacrificio eucarístico, como invitación a vivir en sintonía y comunión con Él.

La actitud de Jesús es siempre de confianza plena en el Padre. El salmo 30 describe en modo especial su actitud de confianza plena.

¿Cuál es el criterio que Jesús mismo da? “era preciso que el Mesías sufriera todo esto para entrar en su gloria” (Lc. 24,46}

Para Cristo la Cruz es la expresión máxima del amor, el sacrificio total de sí mismo. Este misterio sólo se comprende con el amor, “Cristo nos amó hasta el extremo, se entregó a sí mismo en sacrificio por nosotros”(Ef. 5,2).

C) La Cruz es un seguimiento

“a quienes Él dispensó la gracia de su intimidad, el honor de seguirle hasta el Calvario y la misión de ser después apóstoles de su doctrina” (La Obra de la Cruz. n. 1)

Entendiendo el seguimiento como contenido espiritual de la Cruz.

La Cruz de Jesús viene precedida físicamente por el Vía Crucis o camino hasta el Monte Calvario, en él está presente toda su Vida, desde su Encarnación, se encamina hacia la Cruz.

Nuestra Madre recibe la llamada desde la Cruz y al seguirlo responde a ese llamado a asociarse con Él, y es Él quien le marca los contenidos de este seguimiento: “sacrificio, inmolación hash¡ el martirio, humillación, desamparo y muerte”, “no se puede ir al cielo, sino por la cruz, no hay otro camino”

“No hay duda que Nuestro Señor nos quiere en la Cruz y no debemos quejarnos de ello si no queremos ser inconsecuentes e ilógicos en nuestra vida”.

Como vemos este seguimiento está caracterizado por la fidelidad, la constancia, sin detenerse por el cansancio o desánimo. Es la fidelidad a Aquel que la llamó y la envió (también nosotras) para ser “apóstol de su doctrina” .

Como nos dice Nuestra Madre: “Seguirlo”, es decir ir detrás de Jesús. Ante su llamada “si quieres Amor, Ideal, Modelo”, para responderle le pide fe “Sencillez en la fe que ve a Dios en todas las cosas, y recibe todos los acontecimientos dulces o amargos como enviados por su mano divina, y una vez que ha encontrado el signo de su voluntad, sin preguntar el por qué, sin analizar ni escudriña lo que no alcanza, lo acoge porque en ello ve a Dios y eso le basta” (A Mercedes Cobián, Itinerario pág. 140)

“Si nos esforzamos para caminar al paso de nuestro Señor y estamos en lo que Él quiere, entonces veremos las cosas como Él las ve, y nuestros puntos de vista ya no serán meramente humanos”

“El alma bajo la acción del Espíritu Santo cuando recibe una prueba dolorosa, sin que nadie se lo diga y sin que le quede duda, ve inmediatamente la acción de Dios y se queda tranquila”

Nuestra Madre tiene en cuenta dos aspectos en este seguimiento:

  1. Mirarle a Él, vamos detrás…Él siempre está delante, por eso tenemos que contemplarle, es nuestro Modelo, mirarle continuamente, ¡siempre! Si apartamos la mirada de Él, el camino se hace autónomo y fácilmente se pierde el sentido, podemos ir delante con los criterios del mundo, la eficiencia, en pos de los ídolos (poder, riqueza, placer), o quejarnos, evitándola… por eso mirarle, contemplarle…
  1. Es un seguimiento que marca nuestra vida interior, el que lo sigue debe ser espiritual“Quien quiera seguirme, niéguese a sí, cargue su cruz y sígame” (Mc. 8,34; Mt. 16,24; Lc. 9,23).

Pues está animado por el espíritu de Jesús.

Ahora bien, es vital cuidar la alimentación de la vida espiritual: Palabra de Dios, oración, sacramentos.

En este seguimiento Jesús le pone unas condiciones:

  1. La sencillez, le pide radicalidad, seguirle con la totalidad, con todo el corazón, con toda la mente, con todo el ser.
  2. La pobreza: “A nosotras nos llama a evangelizar a los pobres: Evangelizare pauperibus”
  3. Las bienaventuranzas como camino de felicidad.

D) La sencillez: El criterio es la Verdad y el bien

No hay nadie que no busque la verdad y el bien, el corazón no se satisface con verdades a medias, si la conciencia no está bien informada y la conducta no está de acuerdo con ella no hay Paz “Delante de Dios yo miro las cosas y mi conciencia me dice”

La búsqueda de la verdad y del bien es una actitud contemplativa, pues se quiere ver a Alguien.

Es importante tener en cuenta que si Dios no pasa de la cabeza al corazón, nos sentiremos desorientadas y no lograremos superar la debilidad, el error, el mal.

Se necesitará ojos de niño (sencillez) que es una actitud recia ante el dolor y la cruz, con una actitud de confianza y audacia, puede decir Nuestra Madre «Todo es gracia”, esto lo puedo lograr por esa imitación y configuración con Cristo Crucificado, el Modelo: transparencia y serenidad.

“Si perseveráis en mi doctrina, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad: y la Verdad os hará libres”, (Jn 8,32). Este texto encabeza el escrito de nuestra madre “Reflexiones sobre la Libertad”. Entiende Nuestra Madre como libertad: “la posesión y gobierno de la propia actividad” (Reflexiones)

“Ahora veamos cuál es la situación del “yo”. La persona es más libre porque posee y gobierna todas sus energías, Como dice S. Pablo hago el mal que no quiero, este es el desorden ocasionado por el pecado. ¿Cuál es el efecto de la Redención? Cristo me ha libertado de la ley de pecado y de la muerte. ¿Cómo nos liberta Cristo? Incorporándonos a Él.

La fuente principal del sufrimiento es el pecado, es decir la actitud negativa del hombre: encerrarse en sí mismo. De aquí provienen todos los males personales y comunitarios. Esta realidad negativa como misterio de iniquidad (2Tes 2,7).

Todos los hombres han quedado envueltos en esa realidad pecaminosa de un corazón que tendiendo siempre hacia la verdad y el bien no obstante se encierra en sí mismo por la soberbia, avaricia, ira, gula, envidia, pereza.

Todos participamos en esta realidad sino lo aceptamos dice Juan “Si decimos que no hemos pecado, le hacemos mentiroso y su palabra no está en nosotros” (11n 1,10).

El origen de todos los males es un corazón dividido, el hombre ha sido creado para la libertad, lleva dentro de sí la herida del pecado original que lo empuja constantemente hacia el mal y hace que necesite la redención.

Somos débiles, debilidad natural e inclinaciones desordenadas nos acompañarán hasta el final, pero es necesario la configuración con Él, tener sus “mismos sentimientos”, entonces se recupera el verdadero yo, que fue creado a imagen de Dios… Esto nos lleva a la unificación interior del corazón para descubrir la Verdad, hay que mirar a Cristo Crucificado. Un corazón unificado por el amor.

“¿Cuál es el término de esta ascensión y su punto culminante? El Calvario y la Cruz, sólo allí se opera la Redención, es decir, la revolución de la libertad perdida mediante el rescate que pagó Jesús con su sangre” (Preparación a los Votos Perpetuos)

Para ser salvados por Cristo, somos llamados a reconocer que somos pecadores. La exhortación de Jesús al inicio de la predicación de Jesús es clara: “Conviértanse y crean en el Evangelio” (Mc 1,15).

Entonces se trata de convertirse, es decir renunciar a todo aquello que nos aleja de Dios para creer a la salvación ofrecida por Jesús, convertirse es poner toda nuestra fe y toda nuestra esperanza en Cristo.

Ninguno puede proclamarse sin pecado, sino por un privilegio especial, sólo lo tiene la Virgen María(Concilio de Trento). Nuestra santidad es una santidad de redención, esto según el plan de Dios, en la que hacemos la experiencia del pecado ligada a la experiencia de la gracia que nos permite superar el pecado, debemos reconocer nuestros pecados. Tenemos que descubrir más claramente la verdad de nuestras disposiciones íntimas y nuestro comportamiento. Nuestro amor propio nos impide muy a menudo reconocer nuestra culpabilidad, nuestros errores y nuestros defectos. Ahora bien la experiencia de nuestras debilidades nos ayuda a progresar en la humildad, a reconocer aquello que es imperfección en nosotros y tiene necesidad de superado con la gracia.

Sufrir con Cristo y reparar los pecados con Cristo para extender el Reino en todos los corazones. Nuestra Madre estaba enamorada de Cristo y no se preocupaba tanto de las explicaciones teóricas cuanto vivir la realidad del misterio de Cristo.

Él amó dándose en reparación por nuestros pecados y la salvación del mundo. “El valor salvífico de todo sufrimiento, aceptado y ofrecido a Dios con amor, deriva del sacrificio de Cristo, que llama a los miembros de su cuerpo místico a unirse a sus padecimientos y completarlos en la propia carne” (R. Mi 78, Col 1,24)

Tener los “mismos sentimientos de Cristo (Flp. 25) incluye vivir de los amores de su corazón, por eso dice N. Madre en la sencillez del corazón: “Fije en Él todas 1as esperanzas, todos los deseos, todos los amores, tome en su Corazón divino la medida de todos sus afectos” El deseo que tiene de compartir su cruz nace de ese beber de su amor “Si quieres amor” Tener sus sentimientos supone orientar hacia Él toda la interioridad: convicciones, motivaciones, decisiones.

Es un proceso permanente de purificación e iluminación que unifica el corazón con Cristo Crucificado:

“vivirán crucificadas en su espíritu, en su corazón, y en su cuerpo a ejemplo de nuestro Señor Jesucristo, sufriendo gustosas por ÉI, las penas interiores, las arideces de “la oración, los abandonos del alma, las so/edades del corazón, el hastío y el cansancio en las obras, el roce de los caracteres, el rigor de la obediencia; suavemente, tranquilamente, con serenidad del alma y semblante, sin amargura y sin quejas, lo mismo que la pobreza de la vida, el trabajo prolongado, el cansancio físico y las mortificaciones que vengan de las mil fuentes de dolor que llevamos en nosotros mismos y que el alma mortificada sabe convertir en otros tantos lazos de unión con Jesús Crucificado” (La Obra de la cruz. N. 52)

Cruz: sufrimiento transformado en donación

El tema de la cruz entonces básicamente es: del dolor o sufrimiento.

Es un pasar nuestra vida por un proceso del misterio pascual y que pasa necesariamente por la cruz. Existe el sufrimiento personal, comunitario, histórico, físico, moral.

Entonces la Cruz no es sólo el sufrimiento como tal, se entiende la Cruz como esa realidad dolorosa afrontada con los criterios de Cristo, con sus actitudes hondas de donación:

Nuestro modelo es Cristo que “asumiendo la Cruz” (Jn. 19,17) se hace nuestro “Camino, Verdad y Vida” (Jn 14,6)

A partir de Él es posible transformar nuestra cruz en servicio a los hermanos y en “gozo pascual”.

El primer criterio es el Amor:

Nuestra Madre Teresa nos muestra el camino de responder amando en los momentos de dificultad y cruz. Ella nos dice que:

– El sufrimiento se comienza a comprender cuando se comparte con Cristo que derramó su sangre por nuestro amor.

– Mirando al que traspasaron (Jn 19,37) comenzamos a comprender el sufrimiento amando.

A Cristo lo conoceremos a partir de su amor: “tener los mismos sentimientos de Cristo” (Flp 2,5)

El hilo conductor de su itinerario vocacional es el amor; la llama en París a un amor de total consagración en la virginidad: “Tuve el conocimiento absolutamente claro de que el Señor me pedía mi amor para Él”

– Mirando con amor a Cristo crucificado se aprende a transformar el dolor en donación. Así en Alassio “Si buscas ideal, aquí tienes; si quieres amor, aquí tienes; si quieres modelo aquí tienes”.

El punto de partida para “comprender” y vivir la cruz es tomar conciencia de que Dios es amor.

Abrir los ojos y el corazón (sencillez) es un proceso doloroso, que tenemos que emprender colaborando con el Señor, y es el proceso de la “conversión” como proceso de adhesión plena y sincera a Cristo y a su Evangelio mediante la fe, es camino de renuncia para llegar al gozo de sentirse amada y capacitada para amar.

¿Cómo entra aquí la sencillez?

Quien no sabe apreciar y saborear los dones de Dios no se sentirá amada ni capacitada para amar en los momentos de sufrimiento. Hay que abrir los ojos de la fe, que es un don de Dios y que la ofrece a todos por medio de su Hijo Jesús Crucificado.

Entonces empecemos por ser contemplativas, es decir:

– abrir los ojos, es decir, dejar hablar al corazón iluminado por la razón,

– abrir los ojos del amor sin hacer cálculos de utilidad y eficacia inmediata.

Así Nuestra Madre lee en la Creación (apuntes salmo 18), para ver la gloria de Cristo, como Verbo Encarnado, hay que aprender a ver la gloria o epifanía del amor de Dios en las cosas, acontecimientos y en los hermanos.

El amor es la clave del sufrimiento de Cristo. Vivió, sufrió y murió por amor.

Mirar con los ojos de la fe (sencillez) a Cristo, humillado y “exaltado” en la Cruz, es él único camino para superar y trascender el sufrimiento.

Ver la actitud de Jesús de no huir del sufrimiento, sino de afrontarlo por amor del Padre y de la humanidad, es el resumen de las bienaventuranzas.

El criterio del amor de donación:

Para Cristo su dolor provenía de ver que el Padre no era amado, que “sus hermanos estaban en pecado y Él envuelto en debilidad no en pecado. Si el sufrimiento viene en cierto modo del amor sólo se puede superar amando.

El deseo del alma ferviente, enamorada es el de identificarse lo más posible a los dolores del Esposo: “Crucificadas en el corazón… “es el deseo profundo de reproducir en su carne y en su espíritu todos los tormentos de la pasión de Cristo “Señor que transforme mi dolor, no sufra por mí sino por tus dolores de tu pasión”.

Todo nuestro sufrimiento lo hemos de ver y vivir en relación con el de Cristo, porque el suyo da la medida al nuestro y nuestro sufrimiento está contenido en su Pasión, lo que le da un sentido y un valor redentor a nuestro sufrimiento, es de esta inclusión que llega a producir un gozo supremo en nosotras.

Jesús afrontó su propio sufrimiento amando esponsalmente para que un día quedaran destruidos definitivamente el dolor, el pecado y la muerte, pero todavía continúan existiendo.

Sólo quedaran cambiadas o destruidas por Cristo, cuando cada uno de nosotros transformemos el sufrimiento en donación…

¿Cómo?…

En la eucaristía, en donde se hace presente la donación sacrifica y esponsal de Cristo, así cada uno afronta el sufrimiento como participación a la “copa de bodas” de Cristo Esposo. Al participar de la Eucaristía participamos de la vida misma de Cristo (Jn 6,56-57).

Como decía Nuestra Madre Teresa:

1.- Asumir la propia cruz en unión con Cristo, es el único camino para comprometerse en la construcción de la historia personal y comunitaria (congregación. humanidad).

2.- Es necesario la mortificación o despojo. Esto de acuerdo con Cristo que “murió en la carne” (1 Pe 3,18).

Carne quiere decir: todo lo que dificulta, destruye o sofoca la semejanza con Dios, en última instancia quiere decir o significa el pecado y sus consecuencias.

Según San Pablo carne y concupiscencias son características del hombre viejo y han de ser crucificadas para crear al hombre nuevo “Cristo en justicia y santidad (Ef. 4,24…; Col 3,9). Esto no sólo se refiere a lo negativo sino principalmente a la imitación de Cristo cuya vida se ha de manifestar en nuestro cuerpo (2 Cor 4,10)

Se trata de vivir con Cristo hasta que Cristo viva en nosotras

3.- Este completar la pasión de Cristo en nosotros también supone asumir el dolor de los hermanos, sintiendo interiormente su situación para luego obrar, remediarla o si no es posible acompañarla amorosamente.

Aporte de la Rvda. Madre María Consuelo Perales F.

Superiora General