A veces cuando hay causas justas para entristecemos, más mérito habrá –y a veces verdadero heroísmo- en guardar nuestra pena para nosotros y conservar la serenidad.
Mi gozo depende de la gloria de Dios, y como en mi mano está darle gloria, en mi mano está el ser feliz.
No se sirve a Dios con cólera ni con regaños. «Servite Domine in laetitia».
Vuelva a la senda de la paz, por la rectitud y el sacrificio de lo que la esclaviza y sentirá un arrepentimiento que dará fruto de maduración y prudencia.
Las almas más adelantadas en la vida espiritual son las más alegres.