Lo que más debemos temer es no amar bastante. Cuando miramos nuestro crucifijo debemos decirle: Señor ¿te amo bastante?…. ¿Te amo como Tú mereces…? Este temor debemos tenerlo todos, no amar bastante.
El corazón de nuestro Señor es ultrasensible, es un corazón hecho para dar y recibir amor de todos los corazones, en todos los siglos.
¡Qué don el de superarse a sí misma por amor a nuestro Señor! Trae consigo todos los dones.
En mi aproximación a Dios nunca podré decir ¡basta!
Estamos obligadas a tender a la perfección del amor, es un compromiso sagrado.