La paciencia y la caridad se tienen que ejercitar con mansedumbre. Será feliz y santa si persevera en ella.
El camino de la virtud bien seguido, sin desviarse de la caridad y de la mansedumbre, es muy bello y hace la vida feliz.
Cuando entregamos nuestro corazón al amor de Dios y a la caridad le damos entrada a lo infinito.
La perfección de la caridad es la santidad.
La satisfacción de un impulso cualquiera, pequeñas iras o rencores, son expresión del amor propio, que es lo más contrario al amor de Dios, y me lleva a la trasgresión, grave o leve, de un precepto divino que es la caridad.