Debemos pedirle a Jesús su corazón por la mañana para sentir con Él, para amar con ÉL, para mirar la vida como Ella mira, para mirar a nuestro prójimo con su propio corazón.
Si tenemos por raíz el amor a Dios, nuestro amor al prójimo es perfecto.
Mientras más fiel se es, más gracia se recibe.