La libertad de espíritu no es una indiferencia cínica que dice «no me importa lo que piensen», porque nuestra vocación es ser «Lumen Christi» por el ejemplo y las buenas obras.
Debo adquirir la libertad tomando cada instrumento y usando de él, sin que mis gustos me hagan rebalsar la medida, ni mis repugnancias me impidan completarla.
En todo momento tengo esta disyuntiva: aprovecho la gracia de Dios o la desperdicio obrando como me parece y dejando de lado la voluntad de Dios.