Nunca debemos dispensarnos de la mortificación por viejas y enfermas que nos encontremos.
La ciencia de las ciencias es saber soportar, saber sufrir.
La penitencia que el mundo necesita en este tiempo es la sujeción, por que el mal es la independencia de los hombres…, el sacrificio de la voluntad, ése es el verdadero sacrificio.
La perfección no exige intrínsecamente el sacrificio, pero sí exige a que ponga mi satisfacción en segundo término: primero Dios y después yo.
En estas dos cosas está nuestro avance: mortificación y sumisión.