Entréguese sincera y totalmente a nuestro Señor, para siempre, para estar aunque sea hasta el fin del mundo donde le ha puesto la obediencia, si no, no es religiosa.
Hay que dar muchas gracias a Dios por la vocación que nos ha dado y porque nos permite llevarle tantas almas; quiera también darnos que correspondamos con generosidad y no dejemos caer de nosotras los tesoros que Él nos confía.
Nunca apreciaremos en su verdad y trascendencia la inmensidad de la gracia que nos ha hecho el Señor al escogemos para ser suyas y no solamente suyas, sino con el encargo y la misión de llevar hacia Él otras almas y vivir aquí en la tierra sólo para eso.
A unos llama nuestro Señor, a otros no; veía centenares de hombres y no los llamaba: llamó a Pedro, Andrés, a Juan… y así a nosotras; estamos entre los escogidos. Somos responsables de la gracia tan grande que hemos recibido, responsables de esa preferencia.