La piedad no es cuestión de sentimientos, sino la preocupación de hacer la voluntad de Dios.
Hay que contener el corazón por todos los lados en esta vida dejándole libre el camino sólo en la dirección de la voluntad de Dios.
No veamos la pequeñez de las cosas, sino la voluntad de Dios, que debemos cumplir con grandeza de amor.
La intención de cumplir la voluntad de Dios hermosea todas las cosas, entonces todas las cosas pequeñas toman trascendencia y doy eternidad a mis actos.
El amor debe probarse por la fidelidad constante a la voluntad de Dios, aun en las pequeñas cosas.