Mientras más profunda sea la gracia y el esfuerzo por conformarnos a la voluntad de Dios, más estrecho e íntimo es el contacto divino.
Si amo la voluntad de Dios seré feliz.
La persona que no hace la voluntad de Dios hace sólo cosas vanas, como si hiciera globitos de jabón.
En lo chiquito podemos ver si nuestra voluntad está unida a la voluntad divina.
Mirar las cosas pequeñas como partículas de la voluntad de Dios.