Breve Reseña Histórica

La rama de seglares afiliada a la Congregación de Canonesas de la Cruz, estuvo presente en la mente de nuestra  Fundadora la Venerable Madre Teresa de la Cruz, desde los primeros momentos de la inspiración de su Obra.

Teresa, desde su juventud estuvo inserta  en grupos apostólicos, en los cuales siempre fue  liderando y atrayendo con su ejemplo a otras jóvenes para un compromiso cada vez mayor con Cristo. Esta rica experiencia de un laicado organizado que encauza sus fuerzas  al servicio de la Iglesia y del más pobre, se ve enriquecida día a día con las llamadas del Crucificado    que mueven a nuestra Fundadora a pensar, juntamente con la fundación de una Congregación religiosa, en la fundación de un grupo seglar que, bajo el estandarte de la Cruz, participara del mismo carisma y espiritualidad con las religiosas Canonesas de la Cruz, formando con ellas una misma familia que, alimentada de la meditación de la Palabra de Dios, de la vida litúrgica, de la contemplación del Crucificado, de la práctica de los Sacramentos, sea en la Iglesia una fuerza misionera, apostólica, que haga llegar a los diferentes ambientes el mensaje de la Cruz.

La Asociación de la Cruz no surge como algo inesperado, fruto del azar, sino que es retoño del árbol de la Cruz, que surge a partir del encuentro de Teresa con el Crucificado y de la experiencia que ella  fue adquiriendo en la vivencia  de su compromiso laical al servicio de la Iglesia y de los más pobres de la sociedad.

El proyecto confiado por Dios a Teresa, respecto a la rama seglar de la Obra, se iba realizando poco a poco aun, cuando en sus primeros pasos no contaba con la aprobación eclesiástica.  La primera que se afilió a este proyecto – hacia el año 1929- fue la señora Ana Oxford vda. de López a quien se une, más adelante, la señorita Elisa Solf y Muro. A medida que pasa el tiempo se van incorporando nuevos miembros  bajo el nombre de “Hijas de la Cruz” quienes reciben formación espiritual, doctrinal y apostólica de parte de Madre Teresa de la Cruz, así como de sacerdotes directores de la Obra; al mismo tiempo participan activamente en  obras apostólicas, como en celebraciones litúrgicas y festivas, junto con las religiosas.

Es el 24 de noviembre del año 1931, en la Solemnidad de Cristo Rey, que se instala la “Sociedad de las Hijas de la Cruz”. Las primeras Hijas de de la Cruz que se consagraron, aquel año, fueron 28. Según refieren las Crónicas de la Asociación: “Se señaló  para la ceremonia inicial y la renovación anual de las Promesas, las primeras Vísperas de Cristo Rey y se invitó a ella a Mons. Gaetano Cicognani, Nuncio Apostólico”.

Desde entonces, la Solemnidad de Cristo Rey es el día en el que renovamos anualmente  nuestras Promesas de practicar, desde nuestro estado de vida laical, los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia.

Como fruto de estas Promesas los miembros de la institución fueron comprometiéndose en una ardua labor apostólica que abarcaba no sólo la ciudad de Lima, sino que se extendía tanto al norte como al sur del Perú.

Los primeros Estatutos recibieron su aprobación eclesiástica el 28 de noviembre de 1934.

Con el tiempo  nuestra Asociación se fue desarrollando fuera de Lima siendo Chiclayo, al norte del Perú, la primera provincia donde se estableció, el año 1963. Extendiendo más y más sus  ramas, el año 1985, gracias a la solicitud de Sor Margarita Estrada, recibió la aprobación de Mons. José Antonio Plaza para establecerse en su Arquidiócesis de La Plata (Argentina). A partir de entonces, nuestra institución adquirió un nuevo florecimiento y difusión.

El Capítulo General de la Congregación, celebrado  el año 1987, acuerda el cambio de nombre de Asociación de Hijas de la Cruz, por el de Asociación de la Cruz, teniendo en cuenta que iban participando ,del  grupo, no sólo mujeres sino también varones. Con éstas y otras adecuaciones que no alteraron en nada lo esencial de la institución se modificaron los Estatutos que fueron aprobados con fecha 8 de enero de 1988. Posteriormente el 8 de junio de 1991, nuestros Estatutos fueron aprobados por la Congregación para Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, como asociación  privada de fieles.

El dinamismo de la Congregación Canonesas de la Cruz se ve reflejado plenamente en la Asociación de la Cruz que, en estas últimas décadas, va adquiriendo gran vigor y notable expansión, junto con una gran fidelidad a la idea inspiracional. Allí donde hay una Comunidad de religiosas Canonesas de la Cruz, surge y se organiza la Asociación de la Cruz y en alguno  de los casos como sucede en la ciudad de Huacho, al norte del Perú, donde no está establecida ninguna comunidad de Canonesas de la Cruz es un sacerdote, formado en sus primeros años en la espiritualidad y carisma de Madre Teresa, quien asesora las Fraternidades que allí han surgido.

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