“Teresa Candamo laica comprometida, testimonio para el socio de la Cruz”

Los retos y los problemas, que tenemos delante y que ponen en juego la misma sobrevivencia de la humanidad exigen responsabilidad y opciones valientes de parte de todos. Esto mismo es el planteamiento que Teresa se puso ante las situaciones concretas de su tiempo: un Perú con ingentes problemas políticos, ella estaba inmersa en este plano, por la condición de político de su padre don Manuel Candamo, que lucha por las garantías ciudadanas y por la ley, un pueblo con marcadas diferencias culturales y sociales, y un debilitamiento del fervor religioso, sobre todo en la clase menos favorecida, con la consecuente ignorancia religiosa.

Teresa aparece dentro de este contexto histórico- espiritual una época en la que la vida del Perú está convulsionado por las revueltas de los caudillos militares y la guerras. Como tantos hombres y mujeres en la historia de la salvación trata de descubrir qué es lo que Dios espera de ella.

En el Evangelio el sentido de todas las propuesta de Jesús se radican en aquello de la verdadera vida, de la plenitud, de la felicidad: “Yo he venido para que tengan la vida y la tengan en abundancia” (jn10,10)., proclama con fuerza Cristo. Con su muerte y resurrección, derrota radicalmente toda forma de muerte, llegando a ser para cada uno de nosotros “espíritu dador de vida” (1Cor 15,45). Aun más se hace “pan de vida eterna” invitándonos a compartirlo continuamente en el amor” (cfr.Jn 6,57-58).

Teresa respondiendo al compromiso de su consagración bautismal asume las exigencias del Evangelio y busca esa plenitud de vida que sólo la da Cristo0, que con su muerte y resurrección nos ha devuelto la libertad perdida, liberándonos de toda esclavitud del pecado, su incorporación a la Iglesia la lleva a comprometerse con la misión de la Iglesia, en la difusión del Reino de Dios: la Redención como “Nueva creación” y como base de la misión de la iglesia.

Testigos de este periodo de la vida de teresa afirman que era estimada por todos por su educación, piedad, virtudes, celo apostólico, una piedad basada en su devoción a María, su ardorosa participación a la eucaristía, y como ella misma lo dice huir de toda ocasión del pecado.

Su porte de una gran sobriedad, pureza, denotaba una rica vida interior, sencilla.

Trasmitía paz, optimismo, confianza. Era una personalidad que denotaba una mujer extraordinaria: por su acusada inteligencia, por su pureza y por su gran simplicidad.

Un hombre o una mujer que vive según las Bienaventuranzas, que reconoce a ellas un valor absoluto ha encontrado un tesoro, ella misma llega a ser un tesoro para el mundo, ella anuncia el Paraíso: un camino de autenticidad, de amor y de esperanza.
Pablo “Porque hermanos habéis sido llamado a la libertad, sólo que no toméis de esa libertad pretexto para la carne; antes al contrario, servíos por amor los unos a los otros” (Gal 5,13).

Tratándose de participación y cooperación a una realidad religiosa

Mujer que destacó por su gran inteligencia, rica de sentimientos, de gran sensibilidad y a la vez rica de voluntad, libertad interior, de mucha intuición.

Persona jovial, alegre, optimista, abierta, muy discreta, era muy segura frente a lo que creía, serena con un a gran vitalidad.
Más llevada a lo intelectual y operativo que a lo imaginario, así es evidente su gran equilibrio entre inteligencia y sentimiento: es así que su sensibilidad la expresa por una parte por su gusto y tendencia al arte(música, pintura) y por otro lado su compasión por las miserias humanas( amor por los pobres y marginados, no sólo buscando aliviar sus necesidades materiales sino que le llegaba al corazón el gran abandono espiritual), busca estar cerca de la gente en su ambiente (zonas pobres, en los hospitales).

De acusada inteligencia que la usó para enriquecer y profundizar su fe ahondando en los misterios de Dios, y la puso al servicio de los hombres.

Poseía una vasta cultura que se aprecia en sus escritos no sólo en las ciencias humanas sino en loas materias de espiritualidad, amiga del Tissot, del Rodriguez (Europa).

Para Teresa mujer de las bienaventuranzas el fundamental criterio de vida, de allí esa dimensión espiritual de su estilo de vida, se establece para ella una nueva relación con Dios, que Cristo le da por eso de allí un compromiso profundamente renovador de la historia, el acoger la salvación ha de cada cristiano operador privilegiado de solidaridad y de fraternidad. La fe nos hace capaces de llevar frutos de vida para el mundo entero0 y nos empuja a superar cualquier discriminación, contraposición e injusticia. Todo esto brota de un corazón renovado por la presencia del Espíritu. Ella descubrió en Cristo el gusto por el bien auténtico y comprendió que ese bien corresponde a su verdad y dignidad más profunda: que es una llamada de Cristo a participar responsablemente a la historia de salvación de la humanidad. Sólo con Él es posible realizarlo y esto es lo que nos recuerda incesantemente la eucaristía, que es “cúlmen y fuente” de toda la vida cristiana, nos revela por eso no sólo los horizontes y la estructura del bien, sino también el modo concreto de realizarlo o llevarlo a cabo en al historia, sobretodo nos indica que todo esto es gracia. De aquí nace el valor generoso del testimonio y de la actuación generosa. Las bienaventuranzas nos llevan a esta lógica eucarísitica, determinándola como esencial de toda la vida cristiana. Llegando a ser alabanza al padre en el compartir fraternal. Encontramos una alegría profunda, que no es suponer la ausencia de dificultades, sino que las proyecta en la Cruz de cristo llegando a ser fuente de vida.

El bien es un camino que no debe detenerse porque la meta es la plenitud misma de Dios. Como el S.S. Juan pablo II “El hombre llamado a vivir responsablemente el plan sabio y amoroso de Dios, es un ser histórico, que se construye día tras día, con sus numerosa opciones libres” Es un camino en el que es indispensable una confianza profunda en el proyecto específico que Dios tiene sobre cada uno de nosotros y en la guía providente del Espíritu que nos lo hace conocer y lo realiza.

Teresa tiene la experiencia de su nuevo ser en Cristo por el espíritu de vida que la libra de la ley de la muerte por la ley de la Cruz:
Teresa descubre que en el conocimiento de Cristo, su libertad podría obrar verdadera y libremente, por eso su sed de vida se identifica con su sed de libertad.

La libertad suprema para Teresa es tener el gobierno y la posesión de sus actividades adaptándose al querer de Dios que la lleva a armonizar constantemente la obediencia que libra al hombre de las peores esclavitudes de las pasiones, de las apariencias porque es cristo que la libera participándole su libertad divina y humana, compartiendo la eucaristía, creyendo en sus palabras.
Su vida entró en la lógica de la Cruz, de allí su cercanía con el que sufre ir a los hospitales, los pobres, los pecadores, cercana al que sufre, encuentra que el sufrimiento es casi inseparable a la existencia terrena del hombre, no se debe huir de ella sino asociarlo en la cruz de cristo, es decir en la lógica del amor, solo así se puede superar el sentido de inutilidad, absurdo, de rebelión.
Buscó en todo momento “en adornar el interior de su corazón con un alma incorruptible llena de dulzura y de paz” (cfr. 1 Ped 3,3-4), es decir, no posesiva, libre interiormente, siempre respetuosa del misterio de la libertad, mujer del diálogo.

Ha tenido hambre y sed de la voluntad de Dios, es decir que realice lo que bueno y justo.

Mujer que vive en el mundo, en esa Lima de principios del siglo XX y busca santificarse y a la vez colaborar en la santificación de éste.

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