El Misterio del Sucesor de Pedro

“EL MISTERIO DEL SUCESOR DE PEDRO, EL PAPA”

Comunidad  “San Pedro y San Pablo” – Roma

Hablar del “Misterio del Sucesor de Pedro, el Papa”, significa abordar un tema amplio y complejo a la vez. El mismo término “misterio”, ya nos propone una cierta dificultad para afrontar el tema, puesto que este vocablo que deriva del griegomystérion, viene traducido como una verdad inaccesible, que no puede ser dicha, que pertenece a la esfera de lo divino y que por lo tanto se hace incomprensible a nuestra inteligencia. Nosotros abordaremos este tema, en el contexto del siguiente significado: el mystérion, es el diseño de salvación, eternamente querido, ideado y establecido por Dios Padre, para reunir a toda la familia humana en torno a Jesucristo, el primogénito, el que nos ha reconciliado con el Padre, mediante su oferta sacrificial, y el que nos sigue conduciendo, por medio de su Iglesia, hasta la plenitud y concretización escatológica de este designio divino de Salvación.

A partir de este significado podemos decir que, hemos de comprender el “misterio del sucesor de Pedro, el Papa”, dentro de ese plan de salvación eternamente acariciado por el Padre y llevado a su cumplimiento en Cristo; plan de salvación que se perpetúa en la Iglesia, haciendo de ella un instrumento y como un “sacramento de salvación universal” (LG 48); para la realización de su plan de salvación, Cristo quiso el concurso de pastores, que en la Iglesia continuaran su misión hasta la consumación de los siglos. Al respecto afirma la Constitucion Pastor aeternus:

Así, para que el oficio episcopal fuese uno y sin división y para que, por la unión del clero, toda la multitud de creyentes se mantuviese en la unidad de la fe y de la comunión, colocó al bienaventurado Pedro sobre los demás apóstoles e instituyó en él el fundamento visible y el principio perpetuo de ambas unidades, sobre cuya fortaleza se construyera un templo eterno, y la altura de la Iglesia, que habría de alcanzar el cielo, se levantara sobre la firmeza de esta fe (DH 3051).

Por esto, el Concilio Vaticano I propuso a la Iglesia, como veremos más adelante, la doctrina acerca de la institución, perpetuidad y naturaleza del primado apostólico, en su deseo de fortalecer y solidificar la Iglesia entera, doctrina que será confirmada y enriquecida por el Concilio Vaticano II.

FUNDAMENTOS BIBLICOS DEL PRIMADO DE PEDRO

Para comprender en profundidad la identidad y misión del Papa y todo lo que concierne a su ministerio como sucesor del Apóstol Pedro, hemos de acercarnos en primer lugar al dato bíblico, a través del cual asistimos a la génesis del primado de Pedro, a su naturaleza y finalidad en la Iglesia.

En el Nuevo Testamento, entre los numerosos textos que hacen referencia al apóstol Pedro, encontramos tres que encierran el contenido esencial de la misión e identidad de este apóstol como primado en la Iglesia fundada por Cristo:

1)«Y vosotros ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos» (Mt 16, 15- 19).

De este texto se vislumbra lo siguiente: Jesús llama “bienaventurado” a Pedro, pues en su pequeñez y poca instrucción, se ha hecho instrumento dócil del Padre para revelarnos la identidad del Hijo.  También hallamos en este texto, la promesa que Jesús le hace en cuanto a su futuro y misión, imponiéndole por eso un nuevo nombre: “Tu eres Pedro”. Simón, de ahora en adelante será la “piedra”, el fundamento sólido, la roca firme de la naciente Iglesia de Cristo.

Jesús especifica la misión de Pedro, mediante dos expresiones: El poder de “las llaves”,que en el lenguaje bíblico hace referencia a la administración que se ejerce en nombre del dueño que ha confiado esta tarea a uno, el cual la realiza  con el poder y la autoridad que ha recibido. Por eso Pedro, desempeñará esta tarea con autoridad. El poder de “atar y desatar”,  que clarifica la autoridad dada por Jesús a Pedro. Pedro, garantiza con la misma autoridad de Jesús, su enseñanza verdadera y su recta comprensión. A partir de este texto, se puede afirmar que, justamente en el momento que Pedro, no llevado por “la carne y la sangre”, sino por la acción del Padre celeste, confiesa la Identidad de Jesús, asistimos también a la institución del primado de Pedro, puesto que, de Cristo mismo recibe la potestad de gobernar su Iglesia con autoridad y en su nombre.

2) «¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo; pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto,  confirma a tus hermanos» (Lc. 22, 31-32).

En el contexto de la última Cena, y ante la inminencia de los hechos de su Pasión y Muerte, Jesús declara a Pedro su intercesión para que su fe no desfallezca y pueda confirmar a sus hermanos, pero es necesario, en primer lugar, que se opere en Pedro la conversión. Una vez convertido, Pedro tiene por misión, confirmar en la fe, en la verdadera fe y en su auténtica interpretación, a los apóstoles y a toda la comunidad creyente.

3) “… dice Jesús a Simón Pedro: «Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis corderos». Vuelve a decirle por segunda vez: «Simón de Juan, ¿me amas?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas». Le dice por tercera vez: «Simón de Juan, ¿me quieres?» Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas» (Jn. 21, 15-17).

En el contexto de la Resurrección, Jesús interroga a Pedro por tres veces, sobre la medida del amor que éste le profesa; a cada respuesta Pedro recibe la misión: “apacienta a mis ovejas”.  Jesús es el Pastor de las ovejas que, ante la proximidad de su retorno al Padre, encomienda a su apóstol, al que Él mismo ha constituido como fundamento de su Iglesia, el cuidado de su grey. Teniendo frente a sí el ejemplo de Jesús, el Buen Pastor que ha dado la vida por sus ovejas, Pedro ha de estar dispuesto también a entregar la propia vida para apacentar el rebaño que el Señor le ha confiado.

Estos tres textos iluminan fuertemente la doctrina sobre el primado de Pedro, quien recibió del mismo Señor, especialmente estas tareas para conservar la unidad y la fe de la Iglesia:

  • Constituirse en fundamento de la Iglesia.
  • Confirmar en la fe a los apóstoles y a todos los creyentes.
  • Ser Pastor de la grey que el Señor le mandó apacentar.

EL SUCESOR DE PEDRO, EL PAPA

Aunque en los escritos del Nuevo Testamento no encontramos  en forma  explícita el hecho de la sucesión de estas prerrogativas concedidas al apóstol, la exégesis y la teología, sostenidas por la Palabra del Señor y por el testimonio de la Tradición, afirman que la misión encomendada a Pedro por parte del Señor, por su propia naturaleza, exigen “una permanencia y continuidad en la Iglesia de todos los tiempos”, es decir, la Iglesia fundada por Cristo, tiene necesidad de la “roca” permanente de Pedro que le dé fundamento y conserve su unidad; tiene también necesidad de ser instruida y confirmada en la fe a través de una enseñanza con autoridad; tiene finalmente necesidad de un Pastor que la guíe en su peregrinar hacia el gran Pastor eterno, Nuestro Señor Jesucristo.

 La tradición  católica afirma que las facultades concedidas a Pedro se perpetúan en sus sucesores, y reconoce como tales a los obispos que le suceden en la sede de Roma.  Es decir, la misión que Jesucristo confió a Pedro, permanece en el tiempo y es continuada en el obispo de Roma, el Papa.

A continuacion, nos acercamos a la doctrina que el Magisterio de la Iglesia propone al respecto.

CONCILIO VATICANO I

La confirmación de esta verdad de fe, sustentada por la Sagrada Escritura y por la Tradición de la Iglesia  la hallamos en el Concilio Vaticano I (1869-1870), en la Constitución Dogmática Pastor aeternus, que proclama el dogma del Primado del Papa y el de su magisterio infalible.

En cuanto al Primado de Pedro, con grande claridad e iluminada por el testimonio evangélico, esta Constitución Dogmática, enseña y declara que Jesucristo confirió a Pedro, el primado o la autoridad propia de Jurisdicción sobre toda la Iglesia, por lo tanto, Pedro se convierte, por mandato del Señor, en pastor y guía supremo sobre toda la grey del Señor,  la Iglesia.  Este documento cita explícitamente algunos de los textos que ya hemos mencionado, afirmando que Jesús instituye el primado apostólico en Pedro a quien había dado el nombre de “Cefas”, constituyéndolo en fundamento de su Iglesia, otorgándole las llaves y el poder de atar y desatar.

A Pedro, enseña la Pastor aeternus, Jesús le otorgó la jurisdicción de Pastor supremo y gobernante de todo su redil: “apacienta mis ovejas” (Jn 21, 15-17). Así, reafirma el concilio que Pedro fue constituido por Cristo como Príncipe de todos los apóstoles y cabeza visible de toda la Iglesia militante. Su primado favorece la unidad de toda la Iglesia (cf. DH 3053).

En cuanto a la perpetuidad del primado de Pedro en los Romanos pontífices, reafirma el Concilio Vaticano I, que:

“Aquello que Cristo el Señor, príncipe de los pastores y gran pastor de las ovejas, instituyó en el bienaventurado Apóstol Pedro, para la perpetua salvación y perenne bien de la Iglesia, debe por necesidad permanecer para siempre, por obra del mismo Señor, en la Iglesia que, fundada sobre piedra, se mantendrá firme hasta el fin de los tiempos. «Para nadie puede estar en duda, y ciertamente ha sido conocido en todos los siglos, que el santo y muy bienaventurado Pedro, príncipe y cabeza de los Apóstoles, columna de la fe y fundamento de la Iglesia Católica, recibió las llaves del reino de nuestro Señor Jesucristo, salvador y redentor del género humano, y que hasta este día y para siempre él vive», preside y «juzga en sus sucesores» los obispos de la Santa Sede Romana, fundada por él mismo y consagrada con su sangre. (DH 3056).

De esta proclamación, concluye el Vaticano I que “todo el que sucede a Pedro en esta cátedra obtiene, por la institución del mismo Cristo, el primado de Pedro sobre toda la Iglesia” (DH 3057). Por tanto, por institución de Cristo, el apóstol Pedro, posee perpetuos sucesores en su primado sobre toda la Iglesia, es decir, el Romano Pontífice es su sucesor en este mismo primado.

Respecto a la naturaleza y carácter del primado del Romano Pontífice, afirma la misma Pastor aeternus que la Santa Sede Apostólica y el Papa, conservan un primado sobre todo el orbe, y que el mismo Romano Pontífice es sucesor del Bienaventurado Pedro, y que es verdadero vicario de Cristo, cabeza de toda la Iglesia y maestro de todos los cristianos. Enseña además que la Iglesia de Roma, siempre por disposición del Señor, posee el principado de potestad ordinaria sobre todas las otras Iglesias y que esta potestad de jurisdicción es inmediata, la cual exige la subordinacion jerárquica y la obediencia de los demás pastores de la Iglesia y de la totalidad de los fieles  En materia de fe, costumbres y en lo que concierne a la disciplina y régimen de la Iglesia, el Papa posee la plenitud de esta potestad suprema; esto no afecta a la potestad ordinaria de la jurisdicción episcopal de los obispos, que son los sucesores de los apóstoles, llamados a guiar y gobernar el rebaño que el Señor les ha confiado. Sólo de este modo es posible conservar la unidad con el Romano  Pontífice, para que la Iglesia de Cristo responda a la voluntad de su fundador, es decir que sea “un solo rebaño y un solo Pastor” (Jn. 10, 16). Por lo mismo, el Papa puede comunicarse con los pastores y rebaño de toda la Iglesia, para ser instruidos y guiados por él, en el camino de la salvación. (cf. DH 3060)

En cuanto al Magisterio infalible del Santo Padre, afirma la Constitución Pastor aeternus que cuando el Papa define una doctrina en materia de fe o costumbres, hablando ex cathedra, es decir, ejerciendo su tarea de Pastor y maestro de los cristianos, posee aquella infalibilidad, sostenida por la asistencia divina y que le ha sido dada en función de su suprema autoridad apostólica. Por esto, todas las definiciones del Romano Pontífice son en sí mismas, y no por el consentimiento de la Iglesia, irreformables (cf. DH 3074). Con esta prerrogativa de infalibilidad de que goza el Papa  cuando habla ex – cathedra, se salvaguarda la verdad de la fe de la Iglesia.

CONCILIO VATICANO II

En las afirmaciones del Concilio Vaticano II, encontramos que los padres conciliares  confirmarán la doctrina sobre las facultades del Romano pontífice, propuesta por el Concilo Vaticano I, pero a la vez, describirán las prerrogativas del episcopado, completando así la contribución doctrinal dejada por este anterior concilio, dentro de un marco eminentemente eclesiológico. Así, declara que fue voluntad de Jesucristo que los sucesores de los apóstoles, los obispos, fuesen los pastores de la Iglesia. Para lograr la unidad del episcopado, puso al apóstol Pedro, como principio visible y perpetuo fundamento de la unidad de la fe y de comunión. A la vez, declara la doctrina acerca de los Obispos, sucesores de los apóstoles, los cuales junto con el sucesor de Pedro, Vicario de Cristo y Cabeza visible de toda la Iglesia, rigen la casa de Dios vivo. (cf. LG 18)

Afirma también el Concilio, que el obispo de Roma pertenece al Colegio episcopal como miembro y hermano de los obispos en el ministerio y como cabeza del Colegio (cf. LG 22). La doctrina sobre el colegio episcopal, que posee autoridad plena y suprema, está en consonancia con la doctrina sobre el primado del Papa, cabeza del colegio. Por eso el episcopado es un organismo unitario, que haya en el Sucesor de Pedro, su centro de unidad y su cabeza.

CONCLUSION

 Al finalizar este artículo, con grande naturalidad viene a  nuestra memoria la imagen del actual Sucesor de Pedro, nuestro tan amado Papa Francisco. Él, con humildad, reconociéndose como un pecador en quien el Señor ha puesto los ojos” ha asumido la misión de ser el Vicario de Cristo en la tierra. Es un evento cotidiano, el descubrirlo en la realización concreta de su misión de Pastor del rebaño de Cristo; él es el auténtico Pastor “con olor a oveja” que busca enseñarnos y guiarnos hacia la comunión con el gran Pastor, Cristo Jesús.  Pero lo que quisieramos resaltar sobre todo, es aquella incansable tarea que ejerce el Papa de “confirmar en la fe” a sus hermanos. De allí entendemos su empeño por devolvernos el rostro misericordioso del Padre: “La misericordia es una gran luz de amor y ternura, es la caricia de Dios sobre las heridas de nuestros pecados”Expresamente, en el anuncio del Jubileo extraordinario, dirá:“Será un Año Santo de la Misericordia. Lo queremos vivir a la luz de la palabra del Señor: ‘Seamos misericordiosos como el Padre’. Estoy convencido de que toda la Iglesia podrá encontrar en este Jubileo la alegría de redescubrir y hacer fecunda la misericordia de Dios, con la cual todos somos llamados a dar consuelo a cada hombre y cada mujer de nuestro tiempo”.

Con esta iniciativa y con su vida misma, quiere nuestro Santo Padre, devolvernos la verdadera imagen de Dios y confirmarnos en nuestra identidad de cristianos. Por eso busca encaminarnos hacia una vivencia radical del Evangelio: “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría[10].  En modo concreto, nuestro Santo Padre nos va señalando el camino recorrido por Jesús en el Evangelio, que es un camino de perdón, de reconciliación, de solidaridad, de acogida al hermano, de cercanía a los más pobres, a los débiles, a los enfermos a los ancianos, y con su mismo ejemplo nos impulsa a seguir las huellas de nuestro Supremo Pastor. Así, este “misterio del Sucesor de Pedro, el Papa”, lo vemos desvelarse cada día ante nuestros ojos, y manifestarse como aquel  gesto concreto de la Salvación que Dios Padre misericordioso sigue operando en la historia, a través de la Iglesia de Cristo, y bajo la asistencia del Espíritu, en la persona del actual Sucesor del Apostol Pedro, el Papa Francisco.

BIBLIOGRAFIA

CONCILIO VATICANO II, Lumen Gentium, 21 nov. 1964, 20-23.

DENZINGER H. – HUNERMANN, P. El Magisterio de la Iglesia. Enchiridion symbolorum, denifitionum et declarationum de rebus fidei et morum. Herder, Barcelona 2000.

CONGREGACION PARA LA DOCTRINA DE LA FE, El primado del sucesor de Pedro en el misterio de la Iglesia. Consideraciones de la Congregacion para la Doctrina de la Fe, Ed. Palabra, Madrid 2003.

BENEDETTO XVI, Gli apostoli, Libreria Editrice Vaticana, Città del Vaticano, 2008, 43-79.

CABRIA J.L. Hacia una Iglesia creída, pensada y creíble. Lecciones de eclesiología, Monte Carmelo, Burgos 2014, 409-426.

IAMMARRONE G. “Misteri di Cristo”, en Dizionario Teologico enciclopédico, Piemme, Casale Monferrato (AL) 2004, 659-661.

Cf. G. IAMMARRONE, “Misteri di Cristo” en Dizionario Teologico Enciclopedico,Piemme, Casale Monferrato (AL) 2004, 659-660.

Para toda esta parte del fundamento bíblico acerca del Papa, como sucesor del apóstol Pedro, cf. CABRIA J.L. Hacia una Iglesia creída, pensada y creíble. Lecciones de eclesiología, Monte Carmelo, Burgos 2014, 419-426.

Afirma el Papa Benedicto XVI, que en esta confesión, todavía insuficiente, inicial lleva en sì como en germen la futura fe de la Iglesia (Cf. BENEDETTO XVI, Gli Apostoli,Libreria Editrice Vaticana, Città del Vaticano 2008, 67).

Al respecto, dirá el Papa Benedicto XVI, que Jesús atribuye un nombre nuevo a Simón llamando “Kefa”, que en griego se traduce como “Petros” y en latin “Petrus”.Justamente, este nuevo nombre implicaba un “mandato” que Petrus recibía del Señor. Así se vislumbra la voluntad del Señor de atribuir a su apóstol una especial relevancia dentro del Colegio apostólico. (Cf. BENEDETTO XVI, Gli Apostoli, 75).

J.L. CABRIA,  Hacia una Iglesia creída, pensada y creíble, 425.

Pedro fue constituido por Cristo en el primer lugar entre los doce, llamado a realizar una función propia y específica: ser la “roca”, sobre la que Cristo edificará su Iglesia; confirmar en la fe a sus hermanos; ser Pastor de la grey confiada a él por el Señor. A partir de esta verdad, la Iglesia enseña como doctrina de fe, que el Obispo de Roma es Sucesor de Pedro en su servicio de primado en la Iglesia universal. (Cf. CONGREGACION PARA LA DOCTRINA DE LA FE, El primado del sucesor de Pedro en el misterio de la Iglesia. Consideraciones de la Congregacion para la Doctrina de la Fe, Ed. Palabra, Madrid, 2003, 19-20

Recordemos el lema de su Pontificado: ‘Miserando atque eligendo’”. Como sabemos, el Papa Francisco asumió este lema, tomándolo de las homilías de san Beda el Venerable que, comentando el pasaje evangélico de la vocación de san Mateo (Mt. 9, 9), escribe: “Jesús vio un publicano y, mirándolo con amor y eligiéndolo, le dijo: Sígueme”.

FRANCISCO, Homilía en la Casa Santa Marta, 7 de abril 2014.

ID., Homilía en la Basílica de San Pedro, 13 de marzo 2015.

ID., Evangelii Gaudium, 1.