No se puede ir al cielo, sino por la cruz, no hay otro camino.
Por donde se vuelva la mirada vemos la cruz y la lucha contra la adversidad en sus mil diversas formas y no acabamos de comprender el lenguaje de la Providencia.
El dolor es la escuela sublime, la cruz enseña cosas de las que los libros no dan ni siquiera una idea.
No hay duda que el Señor nos quiere en la Cruz y no debemos quejarnos de ello si no queremos ser inconsecuentes e ilógicas en nuestra vida.
Aproveche usted de estos días de sufrimiento para pedir por la Iglesia y por sus destinos y olvídese de usted y de sus propias necesidades e intereses, pues nuestro Señor velará por ellos mientras más los olvide usted para acordarse de Él y de los suyos.