ESPIRITUALIDAD DE LA CRUZ EN LA CONGREGACIÓN Año 4 N° 1, Enero – Abril 1986 Y Año 4, N° 2, Mayo – Agosto 1986

Espiritualidad  de la Cruz en la Congregación

  1. Orfa Noriega R.

Muchas veces me han preguntado algunas Hermanas jóvenes: Madre, ¿usted que ha vivido con la M. Fundadora diganos cómo entiende la de la Cruz? Yo pienso que en los principios de la Congre la espiritualidad de la Cruz se vivía y la asumíamos, es decir nuestra Madre Fundadora nunca buscó palabra para expresarla con un nombre.  Ella nos hacía vivir de la Cruz. su lenguaje. era el Cristo o el calvario que presidía nuestros altares.

En el Noviciado se nos enseñaba a buscar ese Cristo, a comunicrle todo, a consultarle todo lo que haciamos. a pedirle perdón por nuestras caídas; en fin, era el confidente amoroso que nos iba guiando paso a paso. Teniamos. además. el Cristo de nuestra celda que era el amigo que nos esperaba y al cual nunca dejábamos de darle un beso al entrar en nuestra celdita. Todo esto sin palabras iba plasmando nuestra espiritualidad de la Cruz, por eso la Madre quería que el Cristo estuviera sobre nuestra almohada y no colgado para que pudiéramos besarlo y abrazarlo siempre.

Cuando entrábamos al noviciado esta espiritualidad la asumíamos todas, no se trataba de buscar frases y aprender palabras, se trataba de asumir esa cruz, es decir, de personificarla en nosotras por medio del sacrificio, la humillación y la mortificación.

La ilusión de los primeros votos era recibir esa Cruz con el lema “Omnia in Christo” y nuestro nombre grabado: sentíamos verdadera alegría de llevar sobre nosotros la Cruz porque la amábamos y la asociábamos a nuestra vida. En cada prueba o sufrimiento de la Congregación nuestra M. Fundadora nos decía esta frase: «Acordémonos que somos de la Cruz”. Todo esto iba creando en nosotros una espiritualidad profunda de la Cruz. Cuando nos llegábamos a ella sufriendo por alguna humillación nos decía un tanto burlona: “¿le parece más grande que la Jesús sufrió?», y así nos enseñaba a aceptar la Cruz.

Esta espiritualidad latente en nuestra Fundadora se hacia palpable en la Congregación por sus frutos y desde los comienzos Dios le inspire a Nuestra Madre el espíritu de oblación por la Santa Iglesia y sus pastores y el Señor se encargó de enviar almas víctimas a nuestra Congregación a través de todos los tiempos. que se inmolaran por la Congregación, por la Iglesia y por los sacerdotes.

 

Los primeros años de la fundación fecundados por tantos sufrimientos, el Señor envió su primera víctima en la perrsona de la Madre Constanza Pfiuker. La Madre María del Sagrado Corazón expresó muy bien en las crónicas su misión de víctima: “hizo el ofrecimiento de su vida por la Obra que comenzaba y por la salvación de los suyos»…

Tuvo una terrible agonia producida por la uremia y la asfixia. Murió a los y 47 años y 18 meses de su Profesión que habia anhelado con toda su alma, que había esperado con tanta fe y que había realizado con tanto sufrimiento…la rodeaban sus hermanas en religión. compañeras de sus luchas y testigos de todos sus sacrificios y que el sentir que se arrancaba del corazón de la Obra… una de las más queridas suyas ofrecían a Dios este dolor pensando que seguramente faltaba algo grande para hacer fecunda la semilla divina en el campo de su heredad».

Su muerte fue lo que fue su vida. un valeroso y decidido acatamiento de la voluntad de Dios sobre ella. La Obra de la Cruz había pagado asi con ella el tributo de la muerte que le es propio».

Estos primeros pasos en el camino de la Cruz recogían también los triunfos y los trófeos obtenidos por el Cristo resucitado y asi nuestra Congregación entre alegrías y tristezas marchaba por este camino real del sacrificio.

Cuando apenas tenía 10 años de fundación. el Señor volvió a suscitar nuevas víctimas. La Madre Julia Flores. segunda Maestra de novicas. que había sido un ángel de pureza y se distinguía por la dulzura de su trato. padecía una enfermedad misteriosa porque ni los medicos sabían lo que tenia y ésta la fue minando desde los comienzos de su vida religiosa y al final le pusieron unas aplicaciones que lejos de mejorarla le causaron gran tormento; a pesar de esto su paciencia no se desmintió y, apenas pasaban los accesos violentos. volvía a su sonrisa habitual y a su serenidad inalterable.

“Desde hacia mucho tiempo tenía un deseo muy vivo de morir y cuando llegó el momento de recibir el sacramento de los enfermos presentando sus manos al sacerdote. mostraba una expresión de alegría que parecía decirnos que ya veía realizarse sus deseos… murió a los 38 años sin esfuerzo, durante el sueño. sin apariencia de lucha, su alma deseosa de emigrar al cielo dejó la envoltura material que fue para ella una cárcel dolorosa.»

No se contentó el Señor con esta nueva Hostia pura sino que antes del año pidió otro holocausto. en la persona de la Madre Hortencia de la Puente que murió quemada. Digamos a la Madre María del Sagrado Corazón: “Como compensación a es gracias que nos había otorgado, Dios escogió una víctima que halló seguramente preparada y que con tanta sumisión se prestó a serlo: la Madre Hortencia de Jesús Sdo. que ejercía el cargo de segunda Maestra de novicias. Encerando la sala de Capítulo, por un descuido se inflamó la gasolina que llevaba y cargando la lata encendida para que no se incendiara la Capilla. salió con ella por la sacristía. lo que dió lugar a que se encendiera su ropa y se quemara el pecho y la garganta: las quemaduras eran profundas y los dolores terribIes.  Con gran serenidad soportaba el sufrimiento causando admiración a los médicos y a las Hermanas que la asistían. Recibió los Santos Oleos en plena razón y aun rezaba el Oficio Divino con las Hermanas que la acompañaban. después de una lenta agonia expiró el 12 de marzo a los 42 años.

Habia pasado 6 años en la Congregación donde había hecho grandes progresos en la virtud. era muy amante de la vida interior y le costaba mucho la vida activa y apostólica. pero superó todo esto Y se dedicó a la enseñanza del Catecismo. Aunque era muy reservada a fin de su vida supo expresar sus sentimientos de fervor que revelaban el gran

amor que tenía a Dios que le hizo soportar heroicamente sus sufrimientos.

En el libro de la OBRA DE LA CRUZ leemos cómo la M. Fundadora amaba y vivía lo que enseñaba y lo transmitía a sus hijas; oigamos sus palabras: “Realizarán el ideal e la Congregación viviendo crucificadas en su espíritu, en su corazón y en su cuerpo a ejemplo de N.S. Jesucristo, sufriendo gustosas por El. las penas interiores, las arideces de la oración, los abandonos del alma. las soledades del corazón. el hastío, el cansancio en las obras. el roce de los caracteres. el rigor de la obediencia; suave y tranquilamente con serenidad del alma. . .» Estas ense-ñanzas de la M. Fundadora nos servían como incentivo para suscitar nuestros pequeños sacrificios y mortificaciones que uniéndolas a Jesús Crucificado nos facilitaban la práctica de las virtudes religiosas.

Al entrar al convento encontré como Segunda Maestra o Angel del noviciado, como la llamaban entonces, a una hermana que realmente vivia estas enseñanzas de N. Fundadora. Se llamaba Carmen del Niño Jesús, desde niña se había ejercitado en la práctica de la penitencia y mortificación y debido a esto. entró en la vida religiosa con su salud ya bien quebrantada y para admitirla a la Profesión hubo que pedir permiso al Sr. Arzobispo en vista del valor moral que aportaba a la Comunidad y el ejemplo que daría en ella. Para conocer más íntimamente a esta santa religiosa voy a copiar de los escritos de una connovicia suya que la trató muy íntimamente. Sor Graciela de Jesús Crucificado.

“Encargada de la Enfermería tuve la dicha de asistir en su última enfermedad a nuestra santa hermana Carmen del Niño Jesús, muerta a los 29 años. Muy unidas en el Noviciado. nuestras relaciones del todo espirituales se tomaron en verdadera intimidad. Dedicada a ella todo el día y algunas noches. nuestras conversaciones versaban invariablemente

sobre el mismo tema: Jesús y el Cielo: alli se dirigían nuestras miradas en las tardes que el dolor dejaba alguna tregua. y tras los arreboles que podía distinguir desde su cama. nuestras miradas descubrian otras bellezas que no terminarían como esas tardes de verano.

 

Por su heroica fidelidad a Nuestro Señor apareíia Carmencita a la vista de todas como santa, y a la de su enfermera como modelo de amor a Jesús Crucificado. Nadie como ella era testigo de la extraordinaria Fortaleza, dada por Dios a su espíritu, en medio de los dolores fisicos más agudos. dolores que constituyeron el fin un verdadero martirio.

Recuerdo sus palabras, como celestial melodía: “No tengo miedo a la muerte, hace mucho tiempo que la espero y que me preparo a ella: Jesús me da a probar su dulzura. creyendo que voy a morir pero luego la retira: si me dejara escoger diría que quiero ir al cielo. pero que quedaría contenta hasta cuando El quiere: Ahora ya se que no será por mucho

Tiempo, no porque me sienta muy mal. sino por el estado de mi alma, me siento tan desprendlda de todo. como si no estuviera en la tierra”.

No quiero ir al purgatorio, no quiero que me pongan inyecciones para calmar mis dolores porque a Nuestro Señor no le colmaron los suyos.

Como las Hermana querían verla. al principio dijo que no, porque sufría mucho, después me dijo: “no quiero negar nada a Dios, no quiero rehusar nada, que vengan, no saben cuánto las quiero a todas, deseo verlas en el cielo». El Señor permitÍa que el bien que hacía a su alrededor fuera  a costa de sacrificios: así cuando todas al verla sonreir la creian major,se engañaban: yo sabía que esta sonrisa era fruto de un esfuerzo a veces heroico, tras el que ocultaba un dolor o un cansancio intenso.

El Arco iris que apareció una tarde sobre el sitio de la enfermería, era la imagen de  su alma: “Siempre ha querido. me dijo esa tardo. Ser portadora de paz, en mi cas me esforcé por serlo. de e el cielo quiero serlo también “. Las palabras de su padre comprueban Ia verdad de las suyas quien un día le dijo: “Carmen. yo creo en Dios. pero si no creyera, creería por lo que veo en ti….”

Pero como todo esto era por Jesús. El respondía con sus finezas a la heroica fidelidad de su esposa. Los pobres servicios de eu enfermera eran recompensados con creces al recibir sus confidencias. AI principio de su vocación, Teresita la habia sonreido y cuando nadie lo imaginaba el día de Navidad, Rolandito la había anunciado su próximo fin.

Mas aún contra todas las previsiones humanas N. Señor complacía sus últimos deseos de lo que yo, más que nadie, era testigo; todo esto velado bajo una dulce sonrisa. único programa que se había trazado al entrar al convento. según me lo contió poco antes de su muerte: «ni un solo día ha dejado de sonreir» y así como supo ocultar bajo este amable gesto. Los dolores más acerbos. asi al iniciarse la agonía. sus labios repetían el canto de acción de gracnas. que a pedido suyo rezaba la Comunidad «Magnificat anima mea Dominun. et exultavit spiritus meus in Deo salutari meo …” (hasta aquí las notas escritas de S. Graciela del Rio).

En el cargo de segunda Maestra no desmintió en nada su virtud, esforzándose por cumplir la Regla a pesar de sus continuos males físicos, mostrando no obstante su ingénita dulzura mucha energía en el trato con las novicias. En pocos años recorrió un largo camino e hizo una obra de edificación en la Comunidad que tuvo la felicidad de poseerla.

 

Ya viendo la proximidad de su muerte se sentía feliz. En estos últimos días le sobrevino un terrible dolor de cabeza. que le hizo exclamar mirando el Santo Cristo de Limpias coronado de espinas: ”¡Tanto lo he mirado que se me ha metido dentrl». El médico se admiraba de la paciencia y dulzura con que lo soportaba.

En los últimos días su semblante tomó una expresión trágica, y un aspecto de dolor indecible, sucedió, a la dulce sonrisa que siempre caracterizó su fisonomía, era verdaderamente la agonía del Calvario. El sacerdote que la confesaba al preguntarle las Hermanas por qué sufría tanto ilendo un alma tan pura contestó: ”Dios se ceba en sus víctimas».

Tuvo en esos instantes a su lado a sus Hermanas en religión y al Padre de su alma que la había iniciado en su vida espiritual a la que fue fidelísima, y que en ese momento coronaba con su muerte de Víctima.

Para ella no había habido en la existencia otro fin, ni otro anhelo que el de hacerse santa para unirse a Dios.

 

“Su alma sensible, su cuerpo exhausto,

y su finura tan exquisita

propia la hicieron para holocausto

tal fue el destino de Carmencita.»

(M. María del S.C.)

 

Parece que nuestra espiritualidad de la Cruz nos llevara a contemplar un aspecto de la vida de Cristo; su pasión. sin embargo no es as, porque la Cruz que es símbolo del dolor y sufrimento también es signo de triunfo y resurrección. Además Cristo que sufrió sin atenuantes quiere El suavizar nuestra cruz y ya vemos como Sta. Teresita decía: “He llegado a no poder padecer porque todo sufrimiento me es dulce”. Por eso es que en nuestra vida religiosa tenemos más alegrías que sufrimientos; Cristo suele hacernos muy llevadera su Cruz y así El mismo nos dice “Mi yugo es suave y mi carga ligera».

Después de la muerte de nuestra M. Fundadora la Congregación sufrió una tremenda crisis propia del crecimiento y de la expansión. En este largo periodo de sufrimientos y de prueba en el cual la Congregación fue zarandeada como el trigo en el granero. el Señor preparó las hostias que debian inmolarse para ser pan digno de Cristo Crucificado. Escogeremos una a la que preparó desde su infancia. Graciela de Jesús Crucificado (del Río), alma grande y generosa que se entregó totalmente al Señor como víctima por la Congregación y por los sacerdotes. oigámosla a ella misma a través de sus escritos:

“¡Dios mío! no es demasiado caro lo que me ha costado saber vuestra santísima voluntad y conocer por medio de aquel que os representa, mi vocación particular dentro de mi vocación religiosa: “estoy persuadido que Dios la quiere como víctima… Debo reconocer, sin embargo, que vuestra gracia me ha preparado desde mis primeros años. . . En forma que hoy me asombra, casi inmediatamente, hice mi acto de Oblación, en el mismo momento que el Padre me ofrecía en el ofertorio de la Misa el dia de Nav¡dad. .. Habiéndome colocado en un Instituto cuyo fin es el apostolado. me obligáis a ello, y como no se concibe la vida del apóstol sin la abnegación y sacrificio, he ahí mi vocación: debo ser víctima para ser apóstol, debo ser apóstol por mi vida de inmolación y de holocausto …. ¡Oh Señor. no sé si tendrá la dicha de dar mi sangre por vuestro nombre, no lo merezco pero el martirio del corazón y del espíritu, no es menos fecundo.

Ayudar al sacerdocio en su labor evangélica. buscar almas que os amen y os glorifiquen para siempre, he ahí el fin de mi Congregación y fin de mi vida; almas que os son más caras aún, sacerdotes santos que la irradiación de vuestra vida en ellos santifiquen a otras almas; he ahí el fin de todas mis cruces, desde ahora dadmelas todas Señor!…”

Fue un alma de una clarividencia admirable, su camino fue la incomprensión y la desconfianza. porque tenía una visión muy clara del porvenir y emprendía obras grandes para el futuro. pero la situación económica no permitía muchas veces grandes gastos y esto le traía muchos problemas que le proporcionaban preocupaciones y sufrimientos. Para quien no la conocia profundamente era una me temeraria, pero para quien sabia de su amor grandísimo por su Congregación era realmente un alma extraordinaria.

Arrastraba un trauma que no logró superar hasta el fin de su vida, pero ella era consciente de ello y fue verdaderamente la Cruz que la martirizó toda su existencia.  La M. Fundadora que la conocía y la apreciaba profundamente. algunas veces tuvo que darle órdenes un tanto duras pero conocióndola. sabía que eran por permisión de Dios. como aconteció cuando por razones que no se explican tuvo que sacarla del Noviciado. le escribe en estas circunstancias:

“A una necesidad atribuya Ud. hija mia. la forma dolorosa y dura con que he tenido que proceder: dolorosa y dura tanto para Ud. como para mi. y que espero sea para la gloria de Dios; por mi parte y mi intención y por el lado de Ud. por la sumisión y el espíritu sobrenatural con que la ha recibido. Aproveche todo para su santificación y como todavia es joven.

para su experiencia. Me alegro en el alma de que N. S. consuela la suya y la acerque a Si por el amor en ia prueba y en la cruz…”

Era una mujer muy activa y dinámica pero a la vez muy espiritual y mística. de una profunda vida interior que ella ocultaba bajo el velo de una gran reserve, por eso era muy silenciosa y aún parecia a veces apática “, pero encerraba un corazón de fuego para el Señor Crucificado y un amor muy grande a su Congregación.

Después de muchas pruebas que la “destruyeron moralmente le vino una enfermedad cerebral que la incapacitó para las obras exteriores pero que ella aceptó. no digo con resignación sino con un inmenso amor por la cruz de Jesús que fue la “porción de su herencia» y que ella la abrazo con todo amor recordando las palabras de S. Andrés: “¡Salve Cruz preciosa! ¡Recibe al discípulo de Aquel que en ti estuvo clavado! ¡Cristo. Mi Maestro”.

Falleció a los 62 años sin el consuelo de tener cerca de si a sus Hermanes pues murió en la noche en el Hospital del Empleado. Ella había amado mucho a la Virgen Dolorosa y desde su juventud fue su advocación preferida. tanto que quería como ella sentir esa soledad como compañera aún en la muerte y la Virgen se lo concedió: Dejó este valle de lágrimas sin penas ni tristeza porque su corazón vivía ya en el Cielo.

Quiero dejar bien expresado mi deseo de hacer conocer a las futuras generaciones que nuestra amada Congregación en sus comienzos vivió y se cimentó profundamente en esta espiritualidad de la Cruz y es por eso que apesar de todos los sufrimientos y vaivenes de este mundo sigue fresca y lozana porque está cimentada en la roca del Calvario donde nuestra Fundadora la edificó.

AI nombrar a algunas hermanas. no quiero con esto excluir a otras que realmente han sido un ejemplo de virtud hasta su muerte. (pero solo he querido hacer resaltar la espiritualidad de la Cruz vivida esde los principios en nuestra Congregación. por almas que han ofrecido su vida en un acto de Ofrenda al Señor. No, he querido hablar tampoco de las

Fundadoras que más que ninguna han sido el firme cimiento de esta Congregación. por su vida integramente consagrada y ofrecida en Oblación amorosa por la Santa iglesia, porque ellas merecen capítulo aparte y pienso que el SEñorsuscitara quines lo hagan.

¡¡¡ SALVE OH CRUZ NUESTRA UNICA ESPERANZA!!!!