Fe y abandono

Si veo en todo a Jesús, manden lo que manden, éste es el espíritu de fe.

La voluntad de Dios es siempre grande para el alma que tiene el Punto de vista de la fe.

Ver las cosas con la mirada de la fe, pensando que es la voluntad de Dios, esto apacigua el alma.

Cumpliendo la voluntad de Dios, nuestra vida va tomando proyecciones eternas; así, cuando vienen los sacrificios grandes, el alma está adiestrada y no se atemoriza; ve en todo la gloria de Dios.

El alma bajo la acción del Espíritu Santo cuando recibe una prueba dolorosa, sin que nadie se lo diga y sin que le quede duda, ve inmediatamente la acción de Dios y se queda tranquila.

Tengamos pleno convencimiento de que todo lo que Dios permite, es para nuestro bien.

Ver a Dios en todo es mi deber absoluto.

Si nos esforzamos para caminar al paso de nuestro Señor y estamos en lo que Él quiere, entonces veremos las cosas como Él las ve, y nuestros puntos de vista ya no serán meramente humanos.

A veces Dios da un consuelo grande, cuando va a mandar una prueba también grande; otras veces es al revés, las tribulaciones en la oración preparan el camino al consuelo de otro orden. La cruz prepara el consuelo y el consuelo prepara la cruz.

A medida que yo salgo de mí misma, Dios entra en mí y me transforma en Él.

Cuando las obras se empiezan por Dios, no se debe desconfiar ni temer.

¿Dónde me quieres ver, Señor? ¡Empújame, jálame, arrástrame…! Si no es a las buenas, a las malas, pero llévame donde Tú me quieres ver.