Mater Dolorosa

(Marzo de 1913)
Compuesta por Nuestra Madre en un tiempo en que estaba sufriendo mucho.


Virgen más hermosa cuanto más doliente,

Madre más piadosa cuanto más valiente,

Reina Dolorosa, de sin par dolor;

del amor de virgen toda la ternura,

del amor de madre toda la amargura

han hecho un abismo de tu corazón.


y con ser tan grande, más grande es tu duelo

que en olas de sombra desborda hasta el Cielo

y es noche que apaga su límpido azul!,

tinieblas precoces que imponen al día

de su regio duelo la soberanía.

¡Reina de los astros, Reina de la luz!


Y lloran contigo las mismas estrellas,

cual si de tu llanto gotas fueran ellas,

y llora la tierra temblando a tus pies,

y lloran las tumbas, abriendo sus fauces,

porque la amargura rompiera sus cauces

en tu pecho virgen, pecho de mujer!


¡Oh dolor sin límite, oh desborde santo!

de divina sangre, de materno llanto!

caudalosos ríos de tu corazón,

que Dios hizo fuente de sus manantiales,

de aguas redentoras, de aguas celestiales,

savia de la vida, vida del amor.


Y el que así te hiciera, con próvida mano,

de todos los seres el Ser soberano

te dio tal potencia de amar y sufrir,

que horizonte hicieron en el infinito

su amor increado, tu amor inaudito,

como el mar y el cielo se unen al confín.


¡Virgen la más virgen! ¡Madre la más madre!

no hay cantar tan bello que a mi amor le cuadre,

ni humana palabra que pueda narrar

la historia bendita de tus sentimientos,

la de tus ternuras, la de tus tormentos

por ese Hijo tuyo que en la Cruz está.


Cuando los misterios del amor divino

Gabriel el Arcángel a anunciarte vino,

cuando tierno Niño naciera en Belén,

entre pobres pajas, una noche fría,

donde tu ternura tan sólo tenía,

¡Él, el Rey del Cielo, tú, débil, mujer!


Cuando a Egipto, huyendo del rey asesino,

oculto en tus brazos cruzara el camino,

y cuando más tarde, tras doliente afán,

le hallaste en el templo, junto a los Doctores,

en donde del Verbo ya los resplandores

como un sol naciente viste despuntar.


¡Oh dulces recuerdos! ¡Oh contraste horrendo!

¡Cuál le viste entonces, cual hoy le está viendo!

¿Son los mismos ojos? ¿Es la misma Faz?

Y esos labios mudos, y esa boca inerte

son los que tú oyeras mandar a la muerte,

mandar a las olas, al viento y al mar…?


Y es ese rugido de turbas bravías

el himno del pueblo que aclama al Mesías?

¿El mismo que hosanna le cantara ayer?

¿Y es la roja sangre que el suelo ha teñido

el manto de púrpura del Rey prometido?

¿Y es la Cruz el trono del Rey de Israel?


¡Virgen la más bella! ¡Madre la más triste!

¿Por qué allí con tu Hijo también no moriste?