Reflexiones sobre sus virtudes

LA SENCILLEZ EN NUESTRA MADRE TERESA
Sor Silvia Peña C. de la C.

 

Nuestra Madre pone como virtud peculiar de la Congregación: La Sencillez. ComSor Silvia Peña C. de la C.prendió que esta virtud era necesaria y muy agradable a los ojos de nuestro Señor, y ella fue la primera en dar ejemplo, a pesar de tener tantos talentos  y cualidades. Tenía un alma llena de candor y era muy sencilla cuando trataba a todas las personas. Cuando dirigía la palabra lo hacía con claridad y precisión, pero con mucha unción. No  permitía los rodeos cuando uno le iba a hablar. No despreciaba ningún consejo, respetaba lo que las Hnas. de la cocina le aconsejaban, decía: «Ellas saben su oficio». Celebraba cualquier gracia de las hermanas, siempre y cuando no fueran palabras toscas.

Recomendaba las fiestas literarias en la comunidad porque decía que fomentaban la unión; aún más, ayudaba confeccionarlas y corregía o aumentaba lo que se le ocurría. Cuando tenía que guardar cama por enfermedad se sometía con docilidad a la enfermera. Se ponía al alcance de todos los pobres que acudían a ella llenos de confianza a pedirle consejo y socorro en sus necesidades. Varias veces vi que una chica pobre, mal vestida y desaseada cada vez que venía le daba un beso en la mejilla. Hasta que un día viendo yo que esto era frecuente le dije: «Madre, ¡Cómo se deja besar por ella? ni nosotras la besamos siendo sus hijas»; y nuestra Madre me contestó: ¡Pobrecita! ¿Cómo la voy a desairar? Si ella me besa tengo que retornarle», Yo comprendí que a la Madre le costaba porque ella era muy limpia, pero por su sencillez unida a la caridad, aceptaba sonriente este encuentro.

Una Hna. Preguntó al P. Álvarez, su confesor y director espiritual ¿por qué la Madre no se demora como nosotras?, él respondió «es que las almas que ya están en la cumbre se vuelven muy simples y no tienen tantos problemas».

Cuando llegó la hora de su muerte y tenía que comparecer ante Dios, nuestra Madre estaba tranquila y serena, no tenía ninguna angustia de conciencia. Y cuando le dijeron que estaba grave, no pidió a ningún sacerdote con apuro, sino que tuvieron que hacer venir a su Director para que la confesara y aun así se olvidó de confesar. La Madre María angustiada le decía: «Pero Madre ¿cómo es posible que no te hayas confesado sabiendo que te van a hacer una operación tan seria? Nuestra Madre respondió: «Me olvidé, pero tampoco tenía pecados». Por eso no buscaba al Sacerdote sino para pedirle su bendición. Había tratado de agradar a Dios únicamente, de hacer su divina voluntad y por eso como una niña nada le preocupaba.

Por eso llena de sencillez pudo exclamar cuando la llevaban a la Clínica: «Para el alma que está cerca de Dios todo es sencillo».

Al contemplar su ejemplar vida y leer y reflexionar todo lo que sobre esta virtud nos dice nuestra Madre en Luz y Guía, sencillez en la inteligencia, en el corazón, en la piedad, nos encontramos realmente con una persona que vivió plenamente esta virtud evangélica; éste es pues el espíritu que la animó siempre y que hizo suyo a su paso por la tierra nos la dejó como herencia, para que sea ésta la virtud que, por ser pequeña, penetre en todos los rincones de nuestra vida.

Un alma sencilla es un alma sin complicaciones, está tan despejada y libre que permite ver la luz de Dios sin temor a equivocarse. Dios se aleja del alma en la misma medida que se apodera de ella la doblez.

Un alma sencilla es un alma que reposa en la sinceridad; porque acepta con paz y gratitud su realidad, ante la Omnipotencia de Dios.

Un alma sencilla ama la verdad, porque le interesa no el amontonar muchos conocimientos sino llegar a la posesión de la verdad que es Dios.

 Un alma sencilla es un transparente que no teme ser descubierta porque su vida es un libro abierto, una fuente de agua cristalina que permite ver lo que hay en el fondo. A esta alma le basta sólo Dios y el resto son  sólo medios que la ayudan a llegar a Dios.

Ésta es la virtud que nuestra querida Madre practicó y quiere que nosotras sus hijas también la hagamos nuestra.

 

CONTEMPLATIVA Y APÓSTOL DEL CRUCIFICADO
Sor Iris Bonilla C. de la C.

Sor Iris Bonilla C. de la C.
Recordando el lema de nuestra Congregación: «En fidelidad dinámica a nuestro carisma y espiritualidad: Contemplativas y Apóstoles de Cristo Crucificado»; es oportuno mirar a quien nos ha dado ejemplo y es modelo de esta legítima aspiración de toda Canonesa: TERESA DE LA CRUZ. Siguiendo sus huellas haremos realidad este ideal de Configurarnos con Cristo Crucificado y lo daremos al mundo que tanto lo necesita para alcanzar su salvación.

Les pongo a su alcance algunos testimonios que aparecen en la Positio Volumen l, para que juntas nos animemos a vivir intensamente nuestra dimensión contemplativa y predicar a Cristo y a éste Crucificado.

Contemplativa: Mujer de Oración

Se observa el gran amor de Madre Teresa hacia Dios y hacia el prójimo que se expresa en su celo apostólico hasta el final de su vida, sobre todo con la gente pobre. Las fuerzas para ¡levar a cabo este intenso trabajo las tomaba sin duda alguna de una intensa vida de oración, de contemplación del Cristo Crucificado.

         «La Sierva de Dios siempre estaba en oración, en todas partes, cuando pasaba nos parecía que con ella pasaba Nuestro Señor».

         «Cuando los viernes teníamos la Hora Santa: Adoración al Santísimo, se le veía como transportada y elevada a la presencia del Señor de una forma que llamaba la atención».

         «Impresionaba enormemente por su serenidad, por su porte sencillo y majestuoso, distinguido y amable, irradiaba paz, comunicaba su espíritu de fe, su confianza en la providencia y sobre todo su amor a Dios y al prójimo, manifestado especialmente en su celo por la salvación de las almas; su fortaleza y su mortificación».

         « Era tan poderosa su unión con Dios que, aun en medio de tantas ocupaciones y preocupaciones, de una vida pletórica de actividades, jamás se separaba de Él y muchas veces se la veía como arrobada y fuera de sí misma. Ella misma me había comunicado que aun en sus viajes por diferentes naciones, se sentía atraída interiormente con fuerza irresistible. Era el móvil de toda su vida y por eso se sobreponía con un profundo olvido de su persona, a todas las miserias de la vida y contradicciones de la naturaleza, triunfando siempre en ella la fidelidad a la gracia. Para llegar a este estado de equilibrio de fuerzas, muchos fueron los ejercicios de piedad que practicó, muchas las oraciones y meditaciones, y sobre todo, donde halló jugo sustancial de la vida interior fue en el rezo litúrgico del Oficio divino».

              «Amaba mucho la oración mental y vocal. Alguna vez la observé; después del retiro de las Madres por la noche, ella regresaba a la capilla a orar durante varias horas. Alguna vez la observé delante del Santísimo como arrebolada, profunda’ mente recogida’».

               «Nos hablaba del espíritu de oración; decía que la oración ha de ser como la palpitación de la vida como la respiración del alma de la religiosa de la Cruz y que debe ser continua e incesante. Ella fue un alma de oración. Estaba hasta muy tarde delante del Santísimo y por las mañanas se levantaba a ¡as 5:20 junto con la comunidad para rezar laudes»,

«Pude notar [su gran amor a Dios] por su gran espíritu de interioridad y recogimiento que se le notaba incluso en el rostro. Así una vez, pidiéndole yo un consejo sobre la oración, me aconsejó que al recibir la comunión me dirigiera al Señor diciéndole: «Te adoro desde el profundo abismo de mi nada». Pude notar también su gran amor a Jesús Crucificado que era una de sus grandes devociones. En general, cuando nos hablaba se le notaba su gran amor a Dios».

Oración Litúrgica

«Rezaba el oficio divino con la comunidad con unción, con fervor y constancia. Sólo faltó alguna vez por causa grave. Rezaba diariamente el rosario en el tiempo libre. Cantaba en las ceremonias litúrgicas solemnes con una voz muy hermosa. En cuanto a la oración mental puedo decir que tenía una preferencia por ésta y hacía largas horas de oración y muchas veces tuve oportunidad de verla. Opino que era más contemplativa que activa».

Presencia de Dios

«Creo que vivía realmente en la presencia de Dios, por la rectitud con que actuaba, por la frecuencia con que hablaba de Dios, por las enseñanzas que nos daba a través de sus conferencias y sobre todo con su ejemplo y por su oración frecuente y continua. En sus cartas nos hablaba también de Dios como puedo testificar por las cartas que recibí».

«Fue siempre muy observante de las leyes divinas y eclesiásticas. Odiaba el pecado. Lo evitaba y era delicada de conciencia. Muchas personas que la conocieron admiraban a la Madre Teresa por su delicadeza y pureza de conciencia. Sus palabras, sus actitudes, todo en ella reflejaba que vivía en la presencia de Dios. Se veía que estaba en contacto íntimo con el Señor».

Amor a la Eucaristía

Nuestra Madre Teresa era un alma enamorada que manifestó en todas las épocas de su vida la fe ardiente y dinámica que venía a ser como el motor que daba vitalidad a todos sus actos. Como prueba de ello habla de su devoción ardiente al misterio de la Eucaristía:

«Era admirable con qué respeto hacía la genuflexión ante el Santísimo hasta los últimos días de su vida y cómo enseñaba a hacerla a las Hermanas. No consentía ni una sola palabra en la capilla por el respeto que este santo lugar se merecía. Desde que yo hice la primera comunión y vi a la Madre en actitud de oración, siempre me impresionó su actitud fervorosa y recogida. Incluso escuchando por la radio las conferencias sobre la Eucaristía la vi cómo ella, de rodillas, las escuchaba y se le caían las lágrimas de emoción. En una oportunidad en que se celebraba una solemne fiesta litúrgica, durante la misa y después de la elevación, pudimos observar cómo Madre Teresa quedó como ensimismada en actitud de oración sin que hiciera ¡a seña! acostumbrada para que las cantoras nos pusiéramos de pie, hecho éste que nos sorprendió a todas las que allí estábamos».

La comunión diaria, la asistencia y participación continua y devota al sacrificio de la santa Misa, las prolongadas horas de oración contemplativa pasadas de día y de noche ante el tabernáculo, constituían para ella los momentos de mayor felicidad y la base principal de su continua renovación espiritual.

«Todo el centro de su vida espiritual era la Eucaristía, especialmente la misa. Ella intervenía personalmente en el arreglo de la capilla en las fiestas solemnes. Confeccionó personalmente hermosos ornamentos y compuso un himno para la Eucaristía en el año del Congreso Eucarístico. Todos los viernes hacía una hora de adoración al Santísimo expuesto con la comunidad».

«El sacrificio de la Cruz lo unía al sacrificio de la Misa y al gran amor que tenía a la Eucaristía, lo que le hacía vivir en constante contemplación. Con profundo recogimiento y devoción se acercaba a recibir el Santísimo Sacramento todos los días».

Devoción a la Pasión del Señor

Sobre su ardiente devoción a la Pasión, precisa decir que era como una nota constitutiva de su espiritualidad personal y del carisma del Instituto religioso que llegó a fundar.

«Después de su devoción a la Eucaristía tuvo una gran devoción a la Pasión del Señor. No dejaba de hacer el viacrucis diariamente por la noche, arrodillándose hasta el suelo en cada estación y esto hasta el final de su vida. El Viernes Santo lo pasaba en gran recogimiento y penitencia y sufría mucho con la lectura de la pasión y muerte de Jesús»

«Tenía gran devoción a la pasión de nuestro Señor, que manifestaba por una grande mortificación de toda su persona y por la forma como celebraba la Semana Santa así como también por la manera como sobre’ llevaba las pruebas dolorosas de su’ vida. Esta devoción la infundió en las religiosas de su Congregación».

«Era muy devota de la Pasión del Señor y al leer la Pasión no podía retener el llanto aun en presencia de la comunidad, Esta devoción la manifestaba en el amor al ejercicio del viacrucis».

«Especialmente devota del misterio de la Pasión del Señor lo manifestaba en la celebración de la Semana Santa, en especial en la celebración del triduo sacro y en la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz».

APÓSTOL INCANSABLE

La Madre Teresa, que amaba ardientemente al Señor y deseaba ver implantado en la tierra su reino, trató con todas sus fuerzas que fuera conocido y amado entre todas aquellas personas con quienes mantuvo alguna relación. Para hacer que el Señor, Padre de misericordia, fuera conocido y amado nada le importaron las fatigas o el exceso de trabajo. Enferma y muy limitada de fuerzas no dejó de instruir a los demás y anunciar el mensaje del Evangelio: el amor de Dios la empujaba con fuerza incoercible.

“Tuvo un gran celo por la salvación de las almas. Se preocupaba de que los ignorantes fueran instruidos en las verdades de la fe, teniendo ella misma dos «conferencias» de señoras, personas de condición humilde.

Mostró su celo por la salvación de las almas en toda su actuación de catequista. Algunas señoras decían que la Madre había hablado con sus esposos y que éstos habían cambiado; algunos eran borrachos o mujeriegos u ociosos. Tenía gran celo por instruir en la fe a los pobres y a los ignorantes».

«Demostración de su gran amor fueron la catequesis y conferencias que ella personalmente impartía en algunas parroquias, especialmente con personas mayores. Tuvo especial interés en enseñar a las madres de familia para que hicieran de catequistas con sus hijos pequeños y examinaba a éstos para ver cómo les habían enseñado sus madres. En los finales de la catequesis ella misma hacía los repartos a los pequeños y a las madres de familia dándoles a éstas cosas útiles y a los pequeños regalos. A todos les repartía estampas o medallas como recuerdo, Enseñó catequesis en la Universidad Católica y después iba con nosotras a las Unidades escolares y otros centros de enseñanza públicos y privados […], Nunca quiso que todas las religiosas se dedicaran exclusivamente al colegio sino que siempre debía haber un grupo para atender la catequesis parroquial y aun en nuestro colegio quiso que las religiosas enseñaran únicamente las clases de religión».

«Casi todas sus conferencias eran referentes a Dios y a su amor. Promovía la alabanza y gloria de Dios por la forma como nos enseñaba a hacer oración. Hablaba de Dios con alegría infundiéndonos amor a Él y enseñándonos a luchar contra las pasiones y malas inclinaciones para llegar a un verdadero amor de Dios».

Amor a los pobres

Si de preferencias se puede hablar en el amor de Madre Teresa hacia sus semejantes, se llevan indiscutiblemente ¡a palma los más necesitados, los más pobres, llegando en su amor hasta el perdón generoso de las ofensas que en su larga vida recibió. Toda su vida se sintió servidora de todos, sembrando en todas partes alegría y serenidad y practicando el bien a manos llenas, incluso entre quienes, conscientes o inconscientemente, le hicieron algún mal. Como el divino Maestro se hizo toda para todos, olvidada de sí misma y de sus necesidades.

«El amor que tenía a nuestro Señor desbordaba en el prójimo. Su caridad no tenía límites, sin distinción de personas, ni de razas, ni educación, ni de cultura. La Venerable de Dios procuraba hacer el bien por donde pasaba, sin pensar en su persona, en su bienestar, ni en sus intereses. Estaba dispuesta a dar su vida por Dios y por los demás. Esta caridad la ejercitó en su juventud con los pobres, con los peones de su hacienda, los niños del catecismo y los enfermos de los hospitales y después, cuando fundó la Congregación, con sus religiosas. Un día vino a la portería una pobre anciana, en invierno, muerta de frío, a pedir algo de abrigo. La Venerable  de Dios se desprendió de la capa de lana con que ella se abrigaba y se la dio a la anciana».

«Madre Teresa se distinguió por su caridad fina y delicada con todos. Pude constatar que trataba con e! mismo cariño y atención a todas las personas que se le acercaban para hablarle: pequeños o grandes, ricos o pobres. Nunca dejó a un pobre sin darle algo y aun cuando su hermana María le demostraba disgusto y le advertía que podían engañarla, Madre Teresa decía que prefería que la engañasen antes de dejar de socorrerlos».

«La fuente de donde brotaba la caridad de la Sierva de Dios hacia el prójimo, especialmente hacia los pobres y enfermos, era que veía a nuestro Señor sufriendo en las personas de los pobres y así nos decía que aunque la vieran ocupada en su es escritorio no dejaran de llamaría cuando venía un pobre. No se contentaba con la ayuda material sino que escuchaba la relación de sus penas con gran interés y les consolaba».

«Siendo Superiora General no dejaba de atender a los pobres cuando acudían a ella, a pesar de sus ocupaciones. Les socorría con la limosna de la caja de los pobres que ella administraba con generosidad. Muchas veces venían los pobres a quitarle su tiempo con sus quejas, problemas y sufrimientos y ella les escuchaba con paciencia. Cuando su hermana le llamaba la atención ella contestaba: «! Pobrecitos! No tienen quien les escuche; no les puedo desairar». A veces le engañaban los pobres y ella decía: «Es preferible equivocarse a favor de los pobres que dejarles de socorrer por desconfianza».

«Todos los miércoles atendía en la portería a los pobres que venían con sus latas a pedir comida. Algunas veces nos llamó la atención porque traíamos la comida mezclada y ella se quejó de esto y así tuvimos que traerlo todo por separado y muy limpio».

«Atendía a los pobres personalmente una vez por semana a un promedio de 50 ó 60 y diariamente a unos 8 ó 10».

«Notábamos que la Sierva de Dios nos amaba entrañablemente y también a los Pobres en quienes siempre pensaba y nos decía con mucho afecto:» Voy a ver a mis pobres». Los visitaba en un barrio bastante alejado. En medio de sus ocupaciones se daba tiempo para sus pobres […]. Hacía caridad, pero nosotras no nos percatábamos fácilmente de ello, porque cumplía lo que a nosotras nos decía con frecuencia: Que hay que hacer la caridad sin que lo sepan las demás personas».

«También mostraba su amor a los pobres en su preocupación de que las familias fueran verdaderamente cristianas, que vivieran bien, que se casaran los convivientes. Tenía gran celo de la salvación de las almas. Rogaba especialmente por los pecadores. En las conferencias que tenía a las señoras, éstas le hablaban de sus problemas y de los problemas de los esposos. Luego la Madre les llamaba a éstos para que, enmendasen su vida y sé de muchos casos en que las personas cambiaron de vida. Tenía mucha compasión de los ignorantes y aunque ella misma no podía darles clases por sus ocupaciones mandaba a otras Hermanas para que los prepararan, especialmente para la primera Comunión, Bautismo y Matrimonio».

«Procuraba despertar en los demás, especialmente en los pobres e ignorantes el conocimiento de Dios enseñando la doctrina cristiana tanto a los niños como a los adultos para que todos amaran a Dios. Amaba mucho a los pobres y les ayudaba, tanto en lo espiritual como en lo material. Ningún pobre regresaba con las manos vacías y se iba a sus casas bien consolados. En cuanto llegaban los pobres, ella misma salía para darles lo que necesitaban. Les visitaba en sus domicilios. Reunía a todas las personas ignorantes para que recibieran instrucción religiosa. A tas madres de familia para que recibieran el sacramento del matrimonio».

«Me llamó aproximadamente una hora antes de su muerte y me dijo textualmente: “Teresita, no te olvides de los pobres; ayúdales siempre”. Creo que fueron las últimas palabras que pronunció delante de las Hermanas Canonesas, religiosas de la Caridad y algún sacerdote».

No nos queda sino conocerla más, amarla más e imitarla, como buenas y verdaderas hijas suyas.

LA VIRTUD DE LA SENCILLEZ EN «TERESA DE LA CRUZ»
Sor Luisa Hernani Del Águila

 

Sor Luisa Hernani Del Águila

Cuando disfrutas de la mirada limpia y transparente de un niño y descubres la verdad en sus ojos, sientes una armonía que te recrea el alma pero, por el contrario, qué chocante es cuando te encuentras con personas complicadas que se vanaglorian de sus propias cualidades y éxitos.

La personalidad sencilla pasa muchas veces desapercibida pero su fortaleza interior y su encanto es perdurable y su influjo se deja sentir suave pero firmemente.

En Teresa de la Cruz encuentras a la mujer que desde su más tierna edad disfrutó en su hogar de un clima empapado en virtudes humanas y donde aprendió a vivir con sencillez y naturalidad. Estas virtudes hicieron de ella una mujer atrayente y acogedora.

Te relataré una anécdota cuando era muy pequeñita una de sus tías le dijo: no eres hija de tu mamá, tu verdadera mamá es una negra y tienes muchos hermanitos negros, al escuchar esto, ella se puso a llorar y luego dijo: ¿Y ahora quién cuidará de esos negritos? Si observas detenidamente descubrirás en Teresa esa actitud compasiva que más tarde le llevará a preferir a los más pobres y necesitados como a sus amigos más cercanos.

Hoy vivimos en un mundo totalmente artificial que quiere enamorarte a través del deslumbramiento de los ojos y la exaltación de los sentidos: modas, olores, sabores, quieren hacernos creer que valemos por lo que tenemos, mas no por lo que somos, pero precisamente toda esa cultura nos deja con un vacío interior, porque al encontrarnos con nuestra verdad nos damos cuenta que estamos viviendo un clima de mediocridad. La sencillez es una manifestación de la humildad; se opone a todo lo que es postizo, artificial y engañoso.

Te seguiré contando que Teresa de la Cruz, tenía grandes dotes intelectuales; gozaba de una posición social privilegiada y su familia era notable, tenía, por lo tanto, más derecho a mostrar la sofisticación de sus comodidades y sin embargo para ella eso no era lo más importante. Teresa se acepta como es, acepta su buena apariencia física, sus dotes para la música y el arte, todo ello para hacerlo fructificar y ponerlo al servicio de los demás. En el Colegio del Sagrado Corazón, las Madres la premiaron con la Cruz de la Sabiduría por su excelente rendimiento académico, que no la hizo sentirse más que los demás, al contrario, ella sabía que todo lo que tenía no era mérito suyo, sino pura gracia de Dios, por eso caminó con la segundad que no era artificial, porque gozaba de la certeza de saberse muy amada de Dios.

La sencillez es una consecuencia y característica de la llamada «infancia espiritual» a la que nos invita el Señor: «Sino os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos». Él nos llama a dirigirnos como niños sin actitudes rebuscadas ni ficticias porque sabemos que Dios no se fija, tanto en la apariencia externa, sino que mira el corazón.

Esta es la mirada que Teresa descubrió en la Cruz y que inundó su corazón de amor al contemplar la gran prueba de amor de todo un Dios, pendiente de la Cruz, para devolvernos la verdadera libertad de hijos de Dios.

Teresa siente que el Señor le pide un amor que debe nacer de las raíces sagradas de la Cruz, de donde ella aprende la virtud de la sencillez, que se manifestará en sus palabras, actividades y estilo de vida.

Cuando Teresa de la Cruz empieza a realizar su labor apostólica, no despliega una actividad ruidosa y llamativa, al contrario aceptando humildemente las burlas de sus amigos y de su ambiente social, elige las parroquias más abandonadas para desplegar en ellas todo su entusiasmo y creatividad; con sencillez comprende que dar no es ofrecer dinero, ni posesiones materiales, es dar de uno mismo aquello que no tiene precio: paciencia, amistad y apoyo; ofrece su tiempo gratuitamente. Más tarde, al iniciar la gran obra: la fundación de la Congregación Canonesas de la Cruz, despliega toda la riqueza de su personalidad religiosa manifestando la íntima armonía que anidaba en su interior. Todos aquellos que la miraban descubrían en su rostro una profunda serenidad y una gran alegría, lo cual permitía que se acercaran a ella con confianza y sencillez.

Para terminar esta reflexión quiero decirte que la sociedad, en la que tú y yo estamos, necesita de personas que vivan su vocación a ejemplo de Teresa de la Cruz, con una expresión profunda de gratitud por las maravillas que Dios ha hecho en nosotros. Seamos sencillos con nuestro Dios, si lo somos con Él, lo seremos con nuestros parientes, amigos y compañeros. Actuaremos con rectitud y plasmaremos nuestra vida en la verdad. La sencillez te traerá grandes satisfacciones e innumerables gratificaciones. Busca el modelo en Teresa de la Cruz, ella está cerca de ti.