Veni Sponsa Christi

(Con ocasión de celebrarse las fiestas de la Beatificación de la Sta. Madre Magdalena Sofía Barat, Fundadora del Instituto del Sagrado Corazón. Esta poesía fue recibida delante del cuadro de la Apoteosis de la Santa Madre, en el Colegio del Sagrado Corazón, año 1908)

 

Pasó ya de este mundo la figura,

pasó el vivir muriendo cada instante,

pasó cuanto es dolor y es amargura,

y es lid sin tregua, y es subir jadeante.


Pasó el buscar la dicha como perla

escondida entre fango y entre abrojos,

y el ansiar la verdad y apenas verla,

lejana lumbre a nuestros tristes ojos.


Y pasaron los múltiples desvelos,

y la fragilidad y la mudanza,

y hasta la fe llevándose sus velos,

y su afán insaciable la esperanza.

Y huyó el invierno con su níveo manto,

do fecunda simiente se escondiera,

y en el bosque susurra el primer canto,

y germina la flor de primavera.


¡Sal, porque es tiempo ya, rauda paloma!

Vuela a la roca que tu Dueño guarda

ve que ya el sol por el oriente asoma,

deja el destierro, que el Amor te aguarda.


Seca tu llanto, callen los gemidos

con que exhalabas, tu amorosa pena,


¿No ves los muros de prisión caídos,

y para siempre rota la cadena…?


¿No ves la luz que a tu mirada asombra,

lumbre sin niebla, resplandor sereno,

sol sin acaso, claridad sin sombra,

astro al eclipse y la mudanza ajeno?


¿No ves, no ves desde la cumbre erguida

la mies que dora en tu heredad fecunda,

fruto temprano, germinar de vida,

rica cosecha que la tierra inunda…?


¿No ves, no ves el árbol corpulento

que allí plantara tu virgínea mano,

ayer arbusto que temblara al viento,

hoy desafiando la tormenta ufano…?


¿Cuál del follaje innumeras asoman

las aves que a su sombra se guarecen

y cuál sus flores el ambiente aroman

y cuál sus frutos vigorosos crecen…?


¿No escuchas ya como una voz creciente

de grandes aguas el rumor primero

de aquel nuevo cantar que eternamente

es himno virginal ante el Cordero…?


¿Y que ya avanza ves, y te convida

blanca falange, luminosa hueste?


Anda, que está tu lámpara encendida

Y orna tu pecho inmaculada veste.


Anda que en pos de tus brillantes huellas

por el camino que tu pie las traza,

se ve acudir una legión de estrellas

que son las Hijas de tu noble raza.


Anda triunfante de tu armada al frente

de esa tu armada que tu voz escucha,

y orienta al Cielo el corazón valiente

en los fragores de la heroica lucha.